20 de mayo de 2016

LOS QUE TIENEN FE EN LA ACUMULACIÓN

A Calcagno se le apodó "el obispo Rambo"
por su pasión por las armas 
Elena Llorente. Página12

Mientras el papa Francisco insiste en sus homilías y mensajes en que el “dinero y el poder ensucian a la Iglesia”, que hay que “dejar de lado los bienes no necesarios”, que hay “una tentación que destruye la Iglesia: el deseo de poder, la envidia y el querer llegar alto”, esta semana un cardenal italiano era puesto bajo investigación por la justicia de la península por presunta malversación de fondos cuando era obispo de la ciudad de Savona (noroeste de Italia), entre 2002 y 2007. Se trata del cardenal Domenico Calcagno, que desde 2011 ocupa un cargo de importancia en el Vaticano: es presidente del APSA ( Administración del Patrimonio de la Sede Apostólica), un ente creado en 1967 por Paulo VI pero que a lo largo de las décadas ha acumulado gran poder porque maneja los miles de propiedades que la Santa Sede posee en Italia y en el mundo. Según algunas estimaciones publicadas por la prensa italiana, se trataría de cerca de un millón de inmuebles en todo el mundo, por valor de dos billones de dólares. Desde 2014, por las reformas iniciadas por el papa Francisco, buena parte de las actividades del APSA pasaron a depender de la Secretaría de Economía, una suerte de ministerio de Economía que hoy dirige el cardenal australiano George Pell.

Calcagno, durante su estadía en Savona era también el máximo dirigente del Instituto de Sustentación del Clero de esa diócesis y al parecer habría avalado una serie de operaciones inmobiliarias que habrían causado una pérdida de un millón de euros en el balance del instituto. Según el diario de Génova –ciudad muy cercana a Savona– Il Secolo XIX, el ex obispo de Savona es acusado de malversación –junto a otros tres dirigentes de esa institución– por haber avalado la estrategia de los dirigentes del instituto que lo transformaron en una suerte de “agencia inmobiliaria” que hacía inversiones muy arriesgadas. El cardenal, que ha sido descripto por algunos diarios italianos como un personaje particular con una gran “pasión por las armas”, se ha declarado “sereno”. “Confío en el accionar de la magistratura italiana. Espero con confianza los resultados de la investigación”, declaró.

Según el diario romano La Repubblica, el cardenal tenía una suerte de arsenal privado en su casa, con pistolas y fusiles, por lo que había sido apodado “el obispo Rambo”. Pero además contaba en su haber con una serie de denuncias no escuchadas –pero que sí llegaron a la justicia–, de casos de pedofilia en la diócesis de Savona. Hasta 2014 era miembro además de la Comisión de Vigilancia del IOR (Instituto para las Obras de Religión o banco vaticano) pero fue alejado de ese cargo por Francisco, al mismo tiempo que otro cardenal, Tarcisio Bertone, que fue secretario de estado vaticano, es decir número dos de la Santa Sede, durante el papado de Benedicto XVI. Calcagno y Bertone habían trabajado muy cerca el uno del otro cuando uno era obispo de Savona y el otro de Génova, aproximadamente en el mismo periodo, entre 2002 y 2006. Bertone ha sido objeto de muchas críticas últimamente porque, al contrario del propio papa Francisco, ocupa un departamento inmenso y lujoso dentro del Vaticano. Departamento que se hizo restaurar -según el libro Avarizia del periodista Emiliano Fittipaldi, hoy bajo proceso en el Vaticano- con fondos de la Fundación Bambino Gesú, del único hospital infantil de Roma, que es propiedad de la Santa Sede. El cardenal Bertone por su parte niega que su departamento sea tan grande (se habló de más de 700m2) y lujoso como dice la prensa y hace algunos meses devolvió parte del dinero de la reestructuración al hospital.

El caso Calcagno salió a relucir esta semana en coincidencia con la 69a Asamblea de la Conferencia Episcopal Italiana que se hizo hasta ayer en el Vaticano, y ante la que el Papa, en su discurso de inauguración siendo él el obispo de Roma, insistió en lo mismo: renunciar a los bienes no necesarios, manteniendo “sólo lo que puede servir para la experiencia de fe y la caridad hacia el pueblo de Dios”.

Las cifras sobre las posesiones vaticanas que la prensa italiana y varios libros recientemente publicados vienen difundiendo desde hace algunos meses, son impresionantes. La Iglesia sería dueña de un millón de inmuebles en todo el mundo, por valor de dos billones de dólares, de los cuales 115.000 se encontrarían en Italia, lo que representa casi el 20% del patrimonio inmobiliario de toda la península. En este total italiano estarían incluidos entre otras cosas, según La Repubblica, 4.700 centros de asistencia sanitaria o clínicas, 8.770 escuelas y 50.000 parroquias y decenas de Bed and Breakfast alimentados por el turismo religioso. B&B y hoteles han ocupado el espacio dejado libre por conventos y residencias a causa de la notable disminución de las vocaciones religiosas.

Se estima que un cuarto de los edificios de Roma son de propiedad de la Santa Sede. Puede parecer una exageración. Pero no lo es tanto si se sabe que cada año entre 8.000 y 10.000 personas dejan por testamento sus propiedades a la Iglesia. En Roma se habla de más de 5.000 departamentos lujosos que el Vaticano ha dado en alquiler a precios bajísimos, a personajes de relieve de la política o del mundo empresarial italiano, o gratuitamente, principalmente a sus cardenales. El libro Via Crucis del periodista italiano Gianluiggi Nuzzi, que está siendo procesado junto a Fittipaldi y otras personas dentro del Vaticano precisamente por los documentos reservados que usaron para sus libros, incluyó una larga lista de inquilinos de numerosos departamentos vaticanos, incluyendo la superficie de cada uno de ellos. Allí aparecen cardenales de todo el mundo, varios latinoamericanos, entre ellos el argentino Leonardo Sandri, el mexicano Javier Lozano Barragán y el colombiano Darío Castrillón Hoyos, cuyos departamentos oscilan entre 521 y 326 m2.


19 de mayo de 2016

MISILES ESTADOUNIDENSES EN RUMANÍA: EUROPA EN EL FRENTE NUCLEAR

De izquierda a derecha: Sigurdur Ingi Johannsson 
(primer ministro de Islandia), Lars Lokke Rasmussen 
(primer ministro de Dinamarca), Erna Solberg 
(primera ministro de Noruega), Stefan Lofven 
(primer ministro de Suecia), Sauli Niinisto 
(presidente de Finlandia) y Barack Obama (presidente 
de Estados Unidos).
Manlio Dinucci. Il Manifesto

Al contrario de lo que afirma la OTAN, los misiles que Estados Unidos está desplegando alrededor de Rusia sí apuntan contra este último país. Por supuesto, no se trata de interceptar los misiles rusos intercontinentales para poner fin al “equilibrio del terror” y poder golpear a Rusia sin temor a su respuesta. La realidad es peor que eso…

En su primer encuentro con los gobernantes de Suecia, Dinamarca, Finlandia, Islandia y Noruega, el 13 de mayo, en Washington, el presidente Barack Obama denunció «la creciente presencia y la postura militar agresiva de Rusia en la región báltico-nórdica», reafirmando el compromiso de Estados Unidos con la «defensa colectiva de Europa». Compromiso precisamente demostrado con hechos el día anterior, cuando se inauguró, en la base aérea de Deveselu, en Rumania, el «Aegis Ashore», instalación terrestre del sistema de misiles Aegis de Estados Unidos.

El secretario general de la OTAN Jens Stoltenberg –presente en la ceremonia junto al vicesecretario del Departamento de Defensa Robert Work y el primer ministro de Rumania Dacian Ciolos– agradeció a Estados Unidos porque con esa instalación, «la primera de ese tipo con una base terrestre», ese país incrementa notablemente la capacidad para «defender a los aliados europeos ante los misiles balístico exteriores al área euro-atlántica». Y seguidamente anunció el inicio de los trabajos para instalar en Polonia otro «Aegis Ashore», similar al que acaba de entrar en funcionamiento en Rumania. Esas dos instalaciones terrestres se agregan a 4 navíos lanzamisiles del sistema Aegis desplegados por la US Navy en la base española de Rota, que ya navegan en el Mediterráneo, el Mar Negro y el Báltico, y a un poderoso radar Aegis instalado en Turquía, así como a un centro de mando en Alemania.

Afirmando que «nuestro programa de defensa misilística representa una inversión a largo plazo contra una amenaza a largo plazo», el secretario general de la OTAN asegura que «esa instalación en Rumania, al igual que la de Polonia, no está dirigida contra Rusia». Y después aporta una explicación técnica: la base de Rumania, que «utiliza una tecnología casi idéntica a la utilizada en los navíos Aegis de la marina de guerra estadounidense», está «demasiado cerca de Rusia como para poder interceptar los misiles balísticos intercontinentales rusos».

¿A qué tecnología se refiere Stoltenberg? Tanto los navíos como las instalaciones terrestres Aegis están dotados de lanzadores verticales Mk41 de Lockheed Martin, o sea son tubos verticales (en la estructura del barco o en un bunker subterráneo) que lanzan los misiles interceptores SM-3. Esto es lo que se ha designado como «escudo», aunque su verdadera función es ofensiva. Si Estados Unidos lograra instalar un sistema capaz de interceptar los misiles balísticos, podría poner a Rusia bajo la amenaza de un primer golpe nuclear, confiando en la capacidad del «escudo» para neutralizar la represalia.

En realidad, eso es imposible en la actual situación ya que Rusia e incluso China están adoptando una serie de contramedidas que hacen imposible la intercepción de todas las cabezas nucleares en caso de ataque con misiles. ¿Para qué sirve entonces el sistema Aegis basado en Europa, sistema que Estados Unidos está reforzando?

La explicación viene de la propia firma Lockheed Martin. Al ilustrar las características técnicas del sistema de lanzamiento vertical Mk 41 –que, como ya vimos, está instalado en los navíos lanzamisiles Aegis y también en la base de Deveselu–, Lockheed Martin subraya que ese sistema es capaz de lanzar «misiles para todo tipo de misiones: antiaéreas, antinavíos, antisubmarinos y de ataque contra objetivos terrestres». Cada tubo de lanzamiento es adaptable a cualquier tipo de misil, incluyendo «los más grandes para la defensa contra los misiles balísticos y los de ataque de largo alcance». Lockheed Martin especifica incluso los tipos de misiles: «el Standard Missile 3 (SM-3) y el misil de crucero Tomahawk».

A la luz de esta explicación técnica, la precisión que aporta Stoltenberg, cuando afirma que la instalación misilística de Deveselu está «demasiado cerca de Rusia» y que por eso no puede interceptar los misiles balísticos intercontinentales rusos, no resulta nada tranquilizadora. El hecho es que nadie puede saber qué tipo de misiles se han instalado en los lanzadores verticales de la base de Deveselu y en los que llevan los navíos que navegan al borde de las aguas territoriales rusas. A falta de poder verificar eso, Moscú da por seguro que hay misiles nucleares de ataque.

La inauguración de la instalación misilística estadounidense en Deveselu puede significar el fin del Tratado sobre las Fuerzas Nucleares Intermedias, firmado por Estados Unidos y la URSS en 1987, documento que permitió la eliminación de los misiles basados en tierra y con un alcance de entre 500 y 5 500 kilómetros, o sea los SS-20 desplegados en la URSS y los Pershing 2 y Tomahawk estadounidenses desplegados en Alemania e Italia.

Europa vuelve así a un clima de guerra fría, lo cual beneficia a Estados Unidos, que de esa manera puede reforzar su influencia sobre sus aliados europeos. No fue casualidad que, en el encuentro de Washington, Obama resaltó el consenso europeo en cuanto a mantener las sanciones contra Rusia, elogiando especialmente a «Dinamarca, Finlandia y Suecia que, como miembros de la Unión Europea, apoyan fuertemente el TTIP, tratado sobre el que yo reafirmo mi voluntad de concluirlo antes del fin de año».

En los lanzadores verticales de Lokheed, también cabe el misil TTIP.