22 de julio de 2014

"GUÁRDAME LOS VOTOS, PABLO, QUE EN UNOS MESES PASARÉ A RECOGERLOS. PEDRO SÁNCHEZ"

Por Marat

El mensaje expresado en el título no necesita haberse producido tal cual en la realidad. Hay pactos que no requieren explicitarse cuando existen mensajeros -en castellano correveidiles o alcahuetes- que se dedican a muñirlos o a apañarlos. Tómese el mismo como licencia imaginaria. 

Tampoco creo que fuera el propio Sánchez, un joven político sobrevenido en representante institucional siempre“de rebote”, por distintas dimisiones de sus compañeros, quien enviase tal mensaje. El nuevo “elefante blanco” del PSOE no era nadie hace unos meses y ésta por ver si llega a consolidarse con criterio propio y mando en plaza, soltando lastre de sus dependencias de la parte del aparato que  le apoyó en su viaje hasta la secretaría general de su partido: su mentora Susana Díaz, José Blanco o Trinidad Jiménez, entre otros. 

Tras “la derrota dulce” de  Felipe González en 1996 han habido algunos supuestos outsiders que se han encaramado a las más altas candidatura del PSOE: Borrell en 1998 a la Presidencia del Gobierno -defenestrado luego por el aparato del partido y sus barones-, Rodríguez Zapatero, el “desacelerado”, a la secretaría general y a la Presidencia del gobierno del país, y ahora Pedro Sánchez, un convencido entusiasta de sí mismo. No obstante, éste no fue con una mano delante y otra detrás al envite con sus dos otros contrincantes, ya que una parte importante de las divididas familias de su partido le apoyó, principalmente frente a Eduardo Madina, tolerando la candidatura de José Antonio Pérez Tapias en aquellas federaciones en las que pudiera hacer de cortafuegos al diputado vasco. 

De momento, parece que el señor Sánchez ha logrado que Madina se sienta tan ridículo tras su derrota que ha rechazado, avergonzado, formar parte de la futura ejecutiva del PSOE. El madrileño, Master en Liderazgo Público por el ESADE, culmina así el epílogo de unas primarias con cruz de navajas. 

En cuanto a los alcahuetes, muñidores y correveidiles a los que antes me refería, están ya trabajando en la rehabilitación del otrora alicaído PSOE.  Los plumillas opi-informadores -lo mismo des(in)forman que te dan la opinión ya digerida o te hacen un remix de ambas- de los medios que oficializan la “progresía” ya empiezan a entonar sus panegíricos sobre el recién ungido: “representante de un nuevo PSOE”, “joven, dinámico y con ambición”, “entusiasta y osado”, “esperanza de futuro”

Entre los medios sincera y “orgullosos de ser de derechas” -los de orientación “progre” me parecen de derecha civilizada- tampoco faltan ganas de hacerle la ola al señor Sánchez “ha ganado la mejor opción para España”, “es el menos radical de los tres candidatos”, “ofrece estabilidad”, “serio”, “se espera de él una oposición responsable”. Posiblemente, de darse por parte de Sánchez una actitud más inteligente y menos patriotera que la de su antecesor Rubalcaba hacia el proceso catalán lleve a aquellos a arrepentirse pronto de estos elogios

En todo caso, han sido en los dos primeros días tras el triunfo de Sánchez precisamente los medios de la facción Brunete del capital los más partidarios del mismo, aunque pronto se van a ir sumando los de la “progresía”.

Estos últimos tardarán algo más en glosar la figura del nuevo secretario general del PSOE y en rehabilitar para la “izquierda” a este partido. Ha sido demasiado el desprestigio del mismo, el daño que el último gobierno Zapatero hizo a las clases trabajadoras y el tiempo en que se ha arrastrado zombi bajo la dirección de Rubalcaba, a la vez que el impulso de estos voceros de la “progresía” han dado al souflé de Podemos, como para estos medios den un giro demasiado brusco. No sería creíble y, sin duda, comprometerían su propia imagen entre sus lectores. 

Y los medios progres ya han empezado a sumarse al coro de aduladores a Pedro Sánchez
No voy a calificar de tal a El País, un medio controlado por el fondo de inversiones Liberty Acquisition Holding y por la banca española, debido a su quiebra aún no declarada. Pero este rotativo es una de las avanzadillas en la reparación de la imagen del “nuevo PSOE” (ideológicamente el mismo de siempre, con cierta renovación de caras y cambio de look más “joven, moderno y dinámico”).  

Podemos ya está preocupada por la próxima evolución del PSOE, partido del que ha recibido muchos de sus votantes, al margen de nuevos votantes y, mucho menos, de abstencionistas. Habría que preguntarse cómo se explica entre quienes afirman que Podemos es de izquierdas que haya recibido 100.000 votos de anteriores votantes del PP (interesante para entender hasta dónde llega el supuesto izquierdismo de Podemos este manifiesto personal de alguien que se declara de derechas y afirma votar a Podemos, y muy interesantes también las respuestas: ¡unos rojazos, vamos!) , salvo que todo se justifique desde el voto y que se pretenda creer que una sociedad más igualitaria podría venir de ese segmento, en cuyo caso sugiero dosis masivas de café para contrarrestar el “mareo”. 

Esta preocupación la adelantó el señor Ínigo Errejón en la edición en castellano de Le Monde Diplomatique cuando afirmaba hacia el final de su artículo que “de la audacia y la rapidez de los actores que están por el cambio y la ruptura democrática dependerá que el nuevo ciclo político que parece abrirse no sea el de una restauración oligárquica sino el de una apertura constituyente”. Sugiero leerlo detenidamente, a pesar de su lenguaje pedante y pseudointelectual porque, más allá de alguna expresión como “izquierda, popular o constituyente” (y está por ver el encuadre ideológico real de este tercer concepto), su retórica escapa hacia derroteros alejados de lo que se entiende por izquierda revolucionaria o siquiera transformadora, al aparecer como ajena al anclaje en un discurso de clase (trabajadora) y mostrar su condición interclasista y extraña a la lucha de clases, depositando sus aspiraciones en una nueva institucionalidad en la que Podemos sea el centro pero no en la lucha contra las estructuras económicas capitalistas.   

La intranquilidad del señor Errejón alcanza para su partido niveles de desasosiego en el documento pre-borrador de ponencia política “La crisis del régimen de 1978, Podemos y la posibilidad del cambio político en España”:“Si se recompusiera, siquiera parcialmente de su desprestigio y sus problemas internos, y postulase un nuevo líder con pocos vínculos históricos con el pasado, podría recuperar parte del espacio perdido y estrechar las opciones para una fuerza de ruptura democrática, relativamente transversal  dentro del discurso de unidad popular y ciudadana”. Y continúa: “La otra amenaza para la expansión de la ruptura sería que el Gobierno pudiese presentar  tímidas “evidencias” de que las medidas de ajuste nos han hecho pasar ya lo más duro y que se avecina la recuperación. Por lenta y remota que sea, la narrativa de que se han hecho los deberes más duros y ahora se avecina el tiempo de la cosecha del esfuerzo, es muy peligrosa por la reoxigenación”

Queda claro: estamos ante la conciencia de necesitar claramente a los medios de comunicación para continuar vendiendo la película de una “ruptura democrática” admitiendo tácitamente el “sin vosotros (la parafernalia comunicacional) no somos nadie”. La apuesta no es por una revolución social sino por la posibilidad de seguir ocupando el centro de la política, de una política que no es otra cosa que un simulacro de “izquierda”. Si el problema de Podemos es que se recupere el PSOE o el que el PP acabe por convencer a ciertos sectores de una cierta recuperación económica, dentro de una crisis capitalista que volverá a rebrotar más temprano que tarde, es que estamos ante una disidencia, no ya controlada, sino pactada.

Ahí se agota todo el proyecto de “revolución” de Podemos: que el “pueblo” español -cualquier clase cabe en él, coherentemente a la transversalidad interclasista de sus votantes, incluso de clase alta, como muestra la última encuesta del CIS- decida. Pero en esa "bonita" propuesta se esconde la trampa de no exponer qué se le propone desde Podemos. Este es un modo de inutilizar al llamado pueblo, al no ofrecerle ni propuesta, ni estrategia, ni programa político, que no es lo mismo que el electoral.  Este engaño se plantea desde el rechazo a escoger como sujeto histórico a los explotados por el capitalismo – Podemos prefiere hablar de casta política- para su proyecto. El PSOE guardó bien sus votos en un Podemos de apariencia radical para crédulos pero que es mero de gattopardismo de cambiarlo todo para que todo (el auténtico poder, el económico) siga como está. 

Es lo que espera el grueso principal de sus votantes: no acabar con el capitalismo sino verse restituidos a las condiciones de los viejos buenos tiempos precrisis, un lugar bajo el sol. De la administración pública y de “espacios protegidos” (en los sectores culturales, intelectuales, profesionales, académicos, de emprendedores con amparo institucional,....) que les permita lograr una nueva hegemonía tras la “revolución democrática”, por supuesto no socialista, que les promete Podemos. Ahí sectores de las llamadas clases medias se dan la mano con otro sector de los votantes de la nueva formación: fragmentos de las clases medias-altas, que también han mostrado en cierto porcentaje su simpatía por la misma. Es el comportamiento de las clases que ven peligrar su estatus por efecto de la crisis, que demandan una sociedad meritocrática y que siguen contando con los buenos contactos que les ofrece su red social real.

Y es en esos segmentos donde Podemos ha recogido los votos que fueron en gran parte del PSOE, hasta que le abandonaron por sus políticas, previamente hacia el PP, la abstención u otras formaciones preexistentes a la nueva.   

No debe sorprendernos, en consecuencia, la preocupación y temores de los líderes de la nueva formación porque una combinación de la recuperación de la “ilusión” hacia el PSOE con un cierto calado de percepción social de mejora de la economía, pueda dar al traste con su futuro político. Podemos ha sido el almacén en el que el PSOE ha guardado sus votos para que no se perdiesen o se acabasen yendo de un modo más consolidado hacia otras formaciones. Y ahora puede que venga a recuperarlos.

Se me reprochará que hablo mucho del voto de clases medias de Podemos pero que no lo hago del que procede de las clases trabajadoras. Éste está presente en todas las formaciones políticas. La clase trabajadora es un dato sociológico y una realidad que se expresa a partir de las relaciones sociales de producción. Para que fuese una realidad política tendría que poseer un proyecto propio, y no subordinado a los que responden a los intereses de otras clases. Pero hoy no existen organizaciones políticas de cierto peso que representen a dicha clase. Todas ellas o bien responden a los intereses de las clases medias o bien de la alta burguesía y, si alguna representa los intereses de los trabajadores en mayor medida que otras, lo hace dentro de un ciudadanismo reformista e interclasista lamentable. 
  
Vayamos todos los medios “progres” al rescate del PSOE
Por mucho que les cuenten sobre eficacia y potencia comunicacional de las redes sociales, sin medios de comunicación tradicionales, éstas no dejarían de ser un muro de las lamentaciones o, en el mejor de los casos, un instrumento de eficacia limitada. Esto es tan cierto como que, no sólo mucho de lo que se reproduce en los medios digitales proviene de los  tradicionales, también en gran medida los medios clásicos -sea en sus soportes tradicionales, sea en los digitales- focalizan y hacen evidente para los usuarios de Internet, para los que ciertas tendencias podrían pasar desapercibidas en medio del caos y el ruido comunicativo de la Galaxia postGutemberg, lo que de otro modo quizá no tuviera tal repercusión e impacto. 

Desde hace tiempo la comunicación en general ha convertido la percepción de la realidad política y social en simulacro de realidad y en espectáculo que ha de ser permanentemente renovado para no aburrir a unas mayorías que actúan, aplauden y patean lo que las élites económicas que manejan los creadores de des(in)formación les digan que respectivamente han de hacer. El show debe renovarse porque lo efímero es garantía de que el entretenimiento funcione. Y ello es casi indistinto de que los medios sean tradicionales o pertenezcan a la red porque se olvida a menudo que esta última no pertenece a quien introduce en ella contenidos sino a los proveedores de servicio y alojamiento (a quienes la manejan realmente) y en los últimos tiempos vamos viendo que la red va estrechando los límites de su apariencia de democracia digital.

Voy a centrarme en el modo en el que los medios clásicos de información/deformación van calentando los motores del “nuevo PSOE”- haga usted unas primarias y cuéntele al mundo que su partido ya es otro, sea el PSOE o cualquier otra organización de oportunistas. No faltarán almas del autoengaño que le compren el producto- y lo haré en base a las últimas noticias/opiniones al respecto; en concreto las que van desde los días 14 a 21 de Julio:
  • Pedro Sánchez y el futuro del PSOE El Diario, medio de un ex director de Público. Al día siguiente de las primarias del PSOE y procurando que no se note mucho
  • Sánchez insta a los eurodiputados a votar contra Juncker como presidente de la comisión. Público. 14 de Julio de 2014.  
  • “Haré posible un giro a la izquierda que permita ganar elecciones”: El País. También el 14 de Julio. El País es el medio más leído por los votantes de Podemos, según la última encuesta del CIS.
  • Sánchez rechaza una gran coalición y descarta las primarias abiertas: Público. 19 de Julio de 2014
  • La lista alternativa de Izquierda Socialista en Valencia consigue el 24% de los apoyos El Diario. 19 de Julio
  • Sánchez exige a Rajoy y Mas dejarse de “reproches” y abordar la reforma constitucional: Infolibre (del otro ex director de Público).  
  • La nueva dirección de Iceta en el PSC recibe el apoyo del 86,32% de los delegados: Infolibre. 19 de Julio
  • Núria Parlon: "El PSOE entenderá y será cómplice de una consulta pactada y legal": Público. 20 de Julio.
  • Andalucía es la comunidad autónoma en la que más ha crecido la licitación pública este año: El Diario. 20 de Julio.
  • El PSOE pide al TC la suspensión cautelar de la ley electoral de Cospedal: Público. 21 de Julio
  • El PSOE pide cuentas a Fátima Báñez por el contrato de Bárcenas. Público. 21 de Julio.
  • Pedro Sánchez quiere apoyarse en Chacón y Patxi López para unir al PSOE: El Diario. 21 de Julio.
  • El PSOE acusa a la Abogacía del Estado de vaciar la ley de conflictos de interés con su informe sobre Cañete: Infolibre. 21 de Julio
El incremento de “las noticias positivas” del PSOE en la prensa “progre” irá a un ritmo inicialmente lento, para ir cogiendo mayor velocidad según se acerquen las municipales. Todavía  veremos noticias y artículos de opinión críticos con el futuro del PSOE pero éstas irán perdiendo peso paulatinamente. Paralelamente, el efecto Podemos en los medios de la “progresía” empezará a descender también lentamente, para que no se note mucho. Entonces veremos en qué medida el llamado efecto Podemos es real y en qué medida no es tan producto mediático como cualquier otra operación de marketing como la del propio PSOE.

En cambio, es de esperar que el señor Iglesias -las otras dos figuras destacadas de la nueva formación política, Monedero y Errejón, pierden peso a gran velocidad en beneficio de la del primero- seguirá teniendo todo el protagonismo, incluso creciente entre la Brunete mediática (La Razón, 13TV, El Mundo, ABC, Telemadrid,...), con la colaboración intensa de alguno pseudoprogre (La Sexta, de la misma corporación que edita La Razón, Editorial Planeta). Y es que el PP, que es el gran promotor de Podemos -con algunos dirigentes del PSOE que no se enteran de que están disparando contra sus propios píes-, a través de la “lideresa” Esperanza Aguirre, sabe que por ese camino “Podemos garantiza-r que el PP volverá a ganar las elecciones generales en 2015”.     

Y afirmo lo anterior, no porque crea que la farsa de designar a Podemos como su oposición preferente producirá un debilitamiento del PSOE y la imposibilidad de una suma que dé como consecuencia una mayoría suficiente de izquierdas para derrotar al PP. Yo creo que el PSOE es, desde hace muchos años, de derechas, al contrario de ciertos sectores trotskistas que siempre tuvieron una querencia tácita por el mismo. 

Creo que la estrategia del PP y de su entorno de promover Podemos, intentando que cale entre los sectores contrarios al gobierno la simpleza de que si la derecha le ataca es porque lo teme, creará el efecto del reforzamiento de la derecha por las siguientes razones:
  • Acentuará el perfil moderado de Podemos que, para defenderse de las acusaciones de izquierdista, bolivariano y filoterrorista, dará evidentes muestras de su teoría de la “superación de la dualidad izquierda derecha”, esbozada por los señores Iglesias y Monedero. Irá enfatizando aún más su distancia de lo que ellos llaman “la vieja izquierda” para irse aproximando a la no tan “nueva derecha”. La decepción que ello provocaría podría desdoblarse del siguiente modo: 
  1. Decepción de un sector del voto que accedió a la nueva formación desde la abstención o desde la izquierda, al comprobar que, como ya advertimos algunos, Podemos no es sino una opción sistémica más. La pérdida del voto abstencionista de esta formación sería una victoria para el PP que, en cambio, busca asegurar, “prietas las filas”, su propio voto.
  2. Decepción de los votos recibidos desde anteriores votantes del PSOE -una parte muy significativa del total- que, visto lo visto, preferirán el original sistémico de su hasta hace poco referencia política.
  • Se aducirá que esa moderación de Podemos podría facilitar el entendimiento entre las formaciones a la izquierda del PP -que el PSOE esté a la izquierda del PP no significa que sea de izquierda. Cualquier formación está a la izquierda del PP-; entendimiento que, por mucho que se pretenda “desde abajo” y más “allá de un pacto entre siglas”, tendría en éstas últimas la espina dorsal de un cambio en la orientación de voto, porque sin organizaciones políticas no hay cambio de tendencia, pero nada más lejos de la realidad.

  1. Podemos y su prepotencia de nuevos triunfadores que nunca se habían visto en otra han creado muchos más recelos que simpatías en el resto de partidos. Por mucho que Pablo Iglesias, Monedero y Errejón hayan compartido actos públicos de debate sobre “la izquierda” con dirigentes del PSOE, desde Beatriz Talegón hasta Antonio Carmona o algunas personas en la organización hayan afirmado poco después de las europeas que están dispuestos a entenderse con el PSOE, si éste cambia, la realidad es que ambas organizaciones compiten por una franja común muy importante de votantes más situados en el centro izquierda que en la izquierda, sectores de clases medias que desean la vuelta de “los buenos tiempos” e impresionables políticamente con algún referéndum, alguna herramienta “participativa” 2.0 y unas primarias abiertas de vez en cuando. La confrontación con Podemos será más bien soterrada por parte del PSOE, que no puede permitirse el lujo de ser tan burdo como el PP en su consideración de antisistema de una organización que, en el fondo, busca la respetabilidad sistémica. Podemos, por su parte, es posible que intente mostrar un talante dialogante y “unitario”, si la nueva dirección que surja alrededor de Pedro Sánchez se consolida y logra una cierta recuperación de su imagen. Si se producen esos intentos de acercamiento, los sectores que votaron a Podemos creyendo que ésta era más de izquierdas de lo que es, lo abandonarán.
  2. Con IU la irrupción desestabilizadora le ha funcionado a medias. Ha puesto a los píes de la nueva formación a una parte importante de la dirección de la primera -dudo mucho que sea en la misma medida que sus bases y las de IU tienen tradición de díscolas-, ha logrado algunos cambios de cara en su Ejecutiva, más proclives al entendimiento con la organización del señor Iglesias -especialmente la de Alberto Garzón, que se presentará a las primarias con la intención de desplazar a Cayo Lara. Pero ha provocado la reacción de otro sector importante de la dirección de IU que, de forma no abierta pero sí resistente, se niega a perder la identidad política de su organización -al contrario que el señor Garzón- y a endeudarse al rebufo de Podemos. El caso de IU es particular porque esta organización ha demostrado, a lo largo de todas sus crisis internas, su voluntad de pervivencia nada desdeñable. No le será fácil a Podemos vampirizarla. 
  • La estrategia de sobreexposición del señor Iglesias saliendo al trapo de todas los ataques del PP y de su brazo mediático va a lograr que el telepredicador acabe, a no mucho tardar, con una imagen de quemado charlatán de feria. Lo poco gusta. Lo mucho harta, especialmente cuando todos esos debates y exhibiciones de pressing catch con los principales líderes del partido del gobierno sirven más para tapar la realidad sangrante de un país que para ponerla sobre el tapete porque ésta es la que debe ser protagonista y no los actores de la farsa. Al fin y al cabo, y por mucho que el “debate” del pasado fin de semana en La Sexta haya estado a punto de batir audiencias televisivas y se haya convertido en trending topic, acabará por recordar aquellos cruces de fuego entre Rajoy y Zapatero o entre Cañete y Valenciano en las pasadas europeas. Con el tiempo, esto no será capaz de disimular la incapacidad de Podemos para plantear propuestas y su propia levedad cuando las hacen: la cuestión de la deuda ya no está en no pagarla sino en auditarla, el apoyo a los eurobonos (en el que coincide con Draghi, Mallor, el PP y Hollande, entre otros. Unos antisistema estos chicos de Podemos ), una idea defendida por el gran especulador internacional George Soros, mecenas de pseudoprogres y disidencias controladas.    
En definitiva, tenemos un escenario complejo a la vista, que se resume en
  • A pocos gestos para la galería que haga el PSOE, tipo la votación contra Juncker de sus europarlamentarios, la segunda fase de las primarias, que Pedro Sánchez ha despejado ya que se harán, ahora para elegir candidato a las elecciones europeas, algún otro cambio de cara, un mayor distanciamiento de este partido respecto a las posiciones patrioteras del rubalcabismo en relación con el referéndum en Cataluña, los medios “progres” irán incrementando su apoyo al PSOE y rebajándolo poco a poco a Podemos porque una gran franja de los votantes de éste último partido provienen de allí y no son precisamente sectores izquierdistas. 
  • Ni el contexto español es el griego, ni al PSOE le espera el mismo destino que al PASOK, porque el primero sí tiene quién le escriba (veremos con qué énfasis se ponen a ello algunos periodistas de la progresía), ni Podemos es la fuerza central de una Syriza, que no deja de ser socialdemocracia keynesiana, a la griega. Podemos, por su parte, es el ya viejo discurso del 15M, con un cierto ajuste de marketing político, dando vueltas sin fin dentro del bucle de una retórica sin contenido ni sustancia, ni sujeto transformador de la Historia.
  • La estrategia del PP y sus medios, de ungir a Podemos como su única oposición, es la acción de signo opuesto y, aunque a corto plazo fortalezca a esta última, fortalece mucho más a medio al primero porque la resultante de la esta jugada lleva a una operación aritmética entre las “izquierdas” que tiene más de resta que de suma. En este sentido es sumamente ilustrativa la reciente negación de María Dolores de Cospedal (PP) de estar alentando la fragmentación de la izquierda. Excusatio non petita...
  • Y es que es tan burdo, sobreactuado y artificial el enfrentamiento PP-Podemos, acusando al primero de comunista, bolchevique, amigo de terroristas, usuario de las técnicas de Goebbels o bolivariano que resulta hilarante. No creen en ese choque de trenes ni Aguirre, ni Cospedal ni tampoco Iglesias, por mucho que éste ponga en ocasiones cara de haberse comido un limón cuando les responde, y por mucho que los fans de Podemos se diviertan de lo lindo expresando iracundamente sus fobias hacia quienes descalifican a su mesías. Ellos mismos también participan en este simulacro de lucha libre. Al fin y al cabo, está tan agradecido el señor Iglesias a esta publicidad tan gratuita que ha recogido el guante que el otro día le tiraba la lideresa Aguirre de invitarla a un debate en La Tuerka. Público, en un lapsus que evocaba los trucos de la lucha libre titulaba así la noticia: “Aguirre se enfrentará a Pablo Iglesias en el plató de La Tuerka”. Sólo le faltó cambiar "plató" por "ring" o por "colchoneta". Luego, tras el debate, se podrían ir a tomar unas cañitas juntos para recuperarse del sudor del “tremendo cuerpo a cuerpo”, evocando las prácticas de los representantes institucionales que se tiran a degüello en los parlamentos para luego acabar cenando juntos. Todo muy rubalcabiano. Veremos en qué acaba la famosa querella de Podemos contra la lideresa y su escudero Inda.
En los próximos meses se verá cuál de las dos hipótesis se impone. O, tal vez, acabe produciéndose una combinación de ambas...

21 de julio de 2014

GAZA: EL GAS EN LA MIRILLA

Manlio Dinucci. Il Manifesto

Y sigue la guerra por el gas. Después de haber atacado Siria y haberse repartido el gas de ese país antes de lograr conquistarlo, los occidentales atacaron Irak –utilizando para ello el Emirato Islámico– para cerrar el camino al gaseoducto entre Irán y Siria. Y ahora están tratando de acabar con Hamas que es, como las demás ramas de la Hermandad Musulmana, un aliado de Washington, pero se opone al saqueo del gas palestino.

Para encontrar una de las causas del ataque israelí contra Gaza hay que profundizar porque esa causa se halla exactamente a 600 metros por debajo del nivel del mar y a 30 kilómetros de la costa de la franja de Gaza. Allí, en las aguas territoriales palestinas, se encuentra un importante yacimiento de gas natural, el llamado Gaza Marine, estimado en 30 000 millones de metros cúbicos y de un valor de varios miles de millones de dólares. Según un mapa elaborado por la agencia gubernamental estadounidense U.S. Geological Survey también existen otros yacimientos de gas y de petróleo en tierra firme, en Gaza y en Cisjordania.

En 1999, mediante un acuerdo firmado por Yaser Arafat, la Autoridad Palestina confía la explotación de Gaza Marine a un consorcio conformado por British Group y la compañía privada palestina Consolidated Contractors, que disponen respectivamente del 60 y el 30% de las acciones. El 10% restante correspondería al Fondo de Inversiones de la Autoridad Palestina. Se perforan 2 pozos, Gaza Marine 1 y Gaza Marine 2. Pero nunca llegan a iniciar la producción porque Israel, que quiere todo el gas a precios ínfimos, los bloquea.

A través del ex primer ministro británico Tony Blair, enviado del «Cuarteto para el Medio Oriente», se prepara un acuerdo con Israel, que priva a los palestinos de las tres cuartas partes de los futuros ingresos del gas y pone la parte que les toca en una cuenta internacional bajo control de Washington y Londres.

Pero, inmediatamente después de ganar las elecciones de 2006, Hamas rechaza ese acuerdo, calificándolo de robo, y exige su renegociación. En 2007, el actual ministro israelí de Defensa Moshe Ya’alon declara que «el gas no podrá extraerse sin una operación militar que ponga fin al control de Hamas en Gaza».

En 2008, Israel desata contra Gaza la operación «Plomo Fundido». En septiembre de 2012, la Autoridad Palestina anuncia que, a pesar de la oposición de Hamas, ha reanudado las negociaciones con Israel sobre la cuestión del gas. Dos meses después, la admisión de Palestina en la ONU como «Estado observador no miembro» fortalece la posición de la Autoridad Palestina en las negociaciones. Pero Gaza Marine sigue bloqueado, lo cual impide que los palestinos puedan explotar la riqueza natural existente en su territorio.

La Autoridad Palestina se lanzó entonces por otro camino. El 23 de enero de 2014, durante el encuentro del presidente palestino Abbas con el presidente ruso Putin, se discutió la posibilidad de confiar a la compañía rusa Gazprom la explotación del yacimiento de gas de las aguas de Gaza. Así lo anuncia la agencia Itar-Tass, subrayando que Rusia y Palestina tienen intenciones de fortalecer la cooperación bilateral en el sector energético. En ese marco, además de la explotación del yacimiento marítimo de gas, se prevé también la de un yacimiento de petróleo en los alrededores de la ciudad palestina de Ramallah, en Cisjordania. Y la compañía rusa Technopromexport está dispuesta a participar en la construcción de una termoeléctrica de una potencia de 200 MW en la misma zona.

La formación de un nuevo gobierno palestino de unidad nacional, el 2 de junio de 2014, acrecienta las posibilidades de concretar el acuerdo entre Palestina y Rusia.

Diez días después, el 12 de junio, se anuncia el secuestro de los 3 jóvenes israelíes, encontrados muertos el 30 de junio, proporcionando así el casus belli que da inicio a la operación «Margen protector» contra la franja de Gaza. Operación que forma parte de la estrategia de Tel Aviv, que busca apropiarse de las reservas energéticas de toda la cuenca del Levante, incluyendo las de Palestina, las del Líbano y las de Siria.

Y también encaja en la estrategia de Washington que, con su apoyo a Israel, trata de garantizarse el control de todo el Medio Oriente impidiendo que Rusia vuelva a ganar influencia en la región.

Estamos ante una mezcla explosiva, cuyas víctimas son –otra vez– los palestinos.

19 de julio de 2014

ALEMANIA Y ESTADOS UNIDOS: UNA BRECHA SIN PRECEDENTE

Fotografía de T.J. KIRKPATRICK (BLOOMBERG)
Immanuel Wallerstein. La Jornada

El 10 de julio, el gobierno alemán demandó el retiro inmediato del jefe de la misión de la CIA en Berlín. Tal exigencia no es inusual, aun entre aliados ostensibles. Lo que es inusual es que deba ser anunciado públicamente y con tanta fanfarria. ¿Qué es lo que da cuenta de lo que algunos ya están llamando una brecha sin precedente en las muy cercanas relaciones entre Estados Unidos y la República Federal Alemana desde 1945?

En tan sólo un día el asunto fue la ocasión para dos textos importantes: un editorial en Los Ángeles Times y un reportaje en el periódico alemán Der Spiegel. Ambos son pesimistas en torno a si tal brecha sin precedente pueda ser reparada con prontitud, si es posible repararla.

El editorial de Los Ángeles Times, escrito por Jacob Heilbrun, se titula La ruptura germano-estadounidense. La palabra ruptura es inequívoca. O casi. Tras una revisión panorámica de varios comentarios alemanes, Heilbrun finaliza con esta admonición: “Si Obama es incapaz de controlar el espionaje en Alemania puede descubrir que está ayudando a convertir en adversario a un aliado. Para Obama, decir auf wiedersehen a un aliado de muchos tiempo le asestará un golpe a la seguridad nacional estadounidense que ninguna cantidad de información secreta podrá justificar”.

Si Heilbrun parece tener muy poca esperanza de que su punto de vista sea escuchado en Washington, palidece ante el reportaje principal de Der Spiegel de la misma fecha. Este largo texto se intitula: La opción de Alemania: ¿Será Estados Unidos o Rusia? Una sección del reportaje tiene por título: La gota que derramó el vaso. Cita a alguien que no está en la izquierda o a alguien que haya promovido relaciones más cercanas con Rusia. Menciona, en cambio, a un promovente de la economía de libre comercio, conservador y pilar de las relaciones con Estados Unidos, alguien que es cabeza de una organización conocida como el Puente Atlántico. En un tono de desesperación, dice: "Si (los más recientes alegatos acerca del espionaje) resultan ser ciertos, es tiempo de que esto se detenga". Nótese que el escrito dice que es tiempo de que esto se detenga, no de que haya ulteriores discusiones o negociaciones al respecto. Sólo detenerse.

Un último detalle punzante: el embajador estadounidense en Alemania no habla alemán. El embajador ruso es tan fluido en alemán, que casi no se le nota el acento. La entrada a la oficina del embajador estadounidense está protegida con el nivel más alto de seguridad posible, sobrepasando aun la que gobierna la entrada a la Oficina Oval de la Casa Blanca. La entrada a la embajada rusa es tan casual, que ocasiona desconcierto.

¿Es esta brecha sin precedente tan repentina e impredictible? Por ahora, cada uno de los periódicos importantes y menores en Alemania, Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña y otras partes está publicando esta historia, analizando las causas y predicando entorno a la solución. Sobre todo, casi todos los artículos buscan a quien culpar. Los sospechosos principales son la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) y el presidente Obama. Pero, ¿acaso son simplemente las poco sabias decisiones de la NSA o de Obama? En otras palabras, ¿podría haber sido diferente? Bueno, seguramente en los detalles. El gobierno estadounidense ha sido estúpido y muy torpe. Sin embargo, el problema es estructural. No son los errores coyunturales ni la estupidez de quienes detentan el poder en Estados Unidos.

El problema básico es que Estados Unidos está y ha estado por algún tiempo en decadencia geopolítica. No le gusta esto. En realidad no lo acepta. Con seguridad no sabe cómo manejarlo, es decir, minimiza las pérdidas para Estados Unidos. Así que intenta restaurar lo irrestaurable –el liderazgo estadounidense (léase: la hegemonía) en el sistema-mundo. Esto hace de Estados Unidos un actor muy peligroso. No es pequeño el número de agentes políticos en Estados Unidos que llaman a alguna suerte de acción decisiva –sea lo que esto pueda significar. Y las elecciones estadounidenses pueden depender en gran parte de cómo juegan este juego los actores políticos estadounidenses.

Eso es de lo que se están percatando los europeos en general y ahora la canciller Angela Merkel. Estados Unidos se ha vuelto un socio muy poco confiable. Así que aun aquellos que en Alemania y otros países de Europa tienen nostalgia por el cálido abrazo del mundo libre, con renuencia se están uniendo a los menos nostálgicos en decidir cómo sobrevivir geopolíticamente sin Estados Unidos. Y eso los está empujando a la alternativa lógica: a un techo europeo que incluya a Rusia.

Y conforme alemanes y europeos en general se mueven inexorablemente en esta dirección, tienen sus dudas. Si ya no pueden confiar en Estados Unidos, ¿podrán realmente confiar en Rusia? Y lo más importante, ¿podrán hacer un arreglo con los rusos que los rusos encuentren importante y necesario cumplir? Pueden apostar que eso es lo que se está discutiendo en los círculos internos del gobierno alemán hoy, y no cómo reparar la brecha irreparable de confianza con Estados Unidos.

17 de julio de 2014

LOS OPORTUNISTAS NO NACEN: SE HACEN

La crisis es a los oportunistas lo que la mierda a las moscas. Proliferan en esos ecosistemas. Por eso nunca hay sólo un único oportunista sino varios

Juan Manuel Olarieta. Diario-Octubre

Ni siquiera eso es cuestión de cromosomas: los oportunistas se hacen. Pero no se hacen a sí mismos, como ellos creen, sino que el Estado burgués -quienes llevan sus riendas- los hacen porque los necesitan. Ellos sólo se dejan hacer. Son los sujetos pasivos.

Un Estado necesita su oposición, como el organismo necesita sus propios anticuerpos. Si la burguesía no tiene una oposición, la crea como un traje a la medida porque necesita un determinado tipo de oposición, una oposición domesticada, no una oposición verdadera. Si no hubiera oposición, tampoco habría democracia. Es más, lo que demuestra que hay democracia es que hay oposición, ese tipo de oposición leal que es tan necesaria para la supervivencia del moderno Estado monopolista.

Pero nadie se convierte en oposición de la noche a la mañana. Los aspirantes a opositores tienen que pasar su Via Crucis; no se lo dan todo hecho sino que tienen que poner algo de su parte. En fin, tienen que demostrar cierta valía, cumplir determinadas funciones que son paradójicas: pronunciarse en contra del Estado que defienden.

Se les llama oportunistas porque son gentes sin principios, o sea, que al principio son muy radicales pero acabarán adocenados. Los oportunistas aparecen cuando al Estado, lo mismo que al mando a distancia, se le acaban las pilas y se echa de menos un recambio. Su ascenso es el termómetro que detecta el malestar social. La gente está harta, descontenta y reniega de todo, pero sobre todo del viejo andamiaje oficial, de los gastados partidos e instituciones. Hacen falta caras nuevas, modernas, que digan cosas que no estamos acostumbrados a escuchar. A veces ni siquiera son necesarias migajas para ilusionar a la gente y que todo vuelva a su cauce.

La crisis es a los oportunistas lo que la mierda a las moscas. Proliferan en esos ecosistemas. Por eso nunca hay sólo un único oportunista sino varios al acecho de su oportunidad, a la espera del momento de trepar. A medida que la crisis se profundiza, los oportunistas se multiplican como la gangrena. No debe sorprender que algunos de ellos logren un puñado de votos porque el gran oportunista de los tiempos recientes siempre fue Felipe González, que logró 10 millones de ellos en 1982.

Los del PSOE de hace 30 años sí que eran oportunistas de verdad, no los de ahora. Aquello sí que fueron campañas de imagen, no el circo de ahora. Para ser oportunista hay que ser joven, tener recorrido por delante, ya que, de lo contrario, no te da tiempo para dar el cambiazo. Los viejos no cambian, mientras que a Felipe González le pusieron de “primer secretario” con 33 años. Se preparaba la transición.

Hasta que ocupó su cargo, la secretaría del PSOE era colectiva, algo que está reñido con el marketing moderno, eso que procede de las universidades gringas y que llaman “liderazgo”. La política burguesa es electoralismo puro; votamos a personajillos y fantoches, no a partidos, ni a programas. ¿Cómo promocionar a una dirección colectiva? De ahí que con Felipe González en el PSOE se acabaran los órganos colegiados de dirección.

El oportunista es fruto de un diseño. En la transición los oportunistas como Felipe González exhibían una cuidada imagen descuidada: pelo largo, patillas y chaqueta de pana. Lo de menos es lo que uno sea; lo que vale es una imagen que sea nueva, distinta. Por eso en tiempos de la transición al PSOE se le llamaba “renovado”. Ya no era el de la guerra, sino un partido a la última moda, lo mismo que la movida madrileña y su lema “Enamorado de la moda juvenil” que cantaba Radio Futura:

"Y yo caí enamorado de la moda juvenil
de los precios y rebajas que yo vi
enamorado de ti.
Sí, yo caí enamorado de la moda juvenil
de los chicos, de las chicas, de los maniquís
enamorado de ti."

En la transición la tele no era tan importante y quienes te vendían eran periódicos y revistas. Por ejemplo, el Congreso del PSOE en Suresnes lo promocionó hasta Pedro Rodríguez, un conocido columnista del diario de los sindicatos franquistas “Pueblo”, que hizo una reseña del mismo en octubre de 1974. El PSOE necesitaba al franquismo casi tanto como el franquismo al PSOE.

Como toda la política burguesa y demás modas, los oportunistas son de usar y tirar. Tienen fecha de caducidad. Más tarde o más temprano se quedan obsoletos para que la rueda de la política siga funcionando. Son la respiración asistida: estiran un poquito más la agonía, necesitan ganar un tiempo precioso que les permita llegar hasta las próximas ilusiones.

Sí, he escrito ilusiones y no elecciones porque la política burguesa vive de ilusiones más que de elecciones. Me imagino que el lector se habrá apercibido, como yo, de lo siguiente: todos los partidos políticos quieren cambiar las cosas, lo cual significa que todos ellos reconocen que las cosas están mal. Es más, hay partidos y elecciones precisamente porque hay que cambiarlas. Sin embargo, las cosas no van a cambiar nunca mediante los votos, porque para eso están las elecciones: para que todo siga como hasta ahora. De lo contrario, ¿con qué cambio nos engañarían en las siguientes elecciones?

Para quienes votan, la verdadera elección es sólo una: o bien votas a alguien que nunca va a poder poner en marcha su programa electoral, porque nunca va a gobernar, o bien votas a alguien que va a traicionar su programa electoral en cuanto gobierne. Ésta última es siempre mayoritaria, es decir, que la mayoría vota a un oportunista que le va a engañar. Pero casi todos saben que hablar de elecciones y engaños es un redundancia. Lo importante es la ley de la transformación de los cambios cuantitativos en cualitativos: el engaño es mayor cuantos más sean los votos. No me refiero a hayan engañado a más votantes sino al aspecto cualitativo del fraude, que se convierte en un fiasco. Las elecciones de 1982 son el mejor ejemplo de ello.

Pero, ¿como lograr muchos votos? Los que buscan votos en la blandenguería política se equivocan de estrategia. En la transición Felipe González, el PSOE y la UGT eran extremistas y radicales, la izquierda de la izquierda. A nadie se les calentaba la boca tanto como a ellos. Cuando Felipe González se oponía a la reforma del franquismo para exigir la ruptura, le acusaban de incitar a la violencia, o sea, al terrorismo. Pero en la política burguesa no importa lo que digan de tí; el caso es que hablen. En eso los tiempos no han cambiado nada: si los franquistas te atacan es para promocionarte.

No hay más que recordar los mítines de Felipe González en contra de la OTAN, entonces el asunto de moda: “OTAN de entrada no”, fue el lema de la campaña electoral que recaudó 10 milones de votos. Naturalmente que muy poco después Felipe González nos metió en la OTAN de cabeza y otro del mismo equipo, Javier Solana, fue secretario general de la OTAN, que fue el criminal que ordenó el bombardeo de Yugoslavia con armamento radiactivo, y así sucesivamente.

De Suresnes (1974) al gobierno (1982) sólo transcurrieron ocho años. Pero mientras en París prometieron construir el socialismo, en Madrid lo que hicieron fue iniciar la reconversión industrial. En Suresnes el PSOE se pronunció en contra de la Unión Europea, pero quien introdujo a España en ella fue el gobierno de Felipe González…

Etcétera. ¿O hay que seguir contando batallitas?

NOTA DEL EDITOR DE ESTE BLOG: Quizá también le interese:
La paradójica patraña de la "ilusión democrática"http://marat-asaltarloscielos.blogspot.com.es/2014/07/la-paradojica-patrana-de-la-ilusion.html

“Guárdame los votos, Pablo, que en unos meses pasaré a recogerlos. Pedro Sánchez”:  http://marat-asaltarloscielos.blogspot.com.es/2014/07/guardame-los-votos-pablo-que-en-unos.html

16 de julio de 2014

DEL FIN DEL COMIENZO AL COMIENZO DEL FIN. CAPITALISMO, VIOLENCIA Y DECADENCIA SISTÉMICA

Jorge Beinstein. La Haine

De Libia a Venezuela pasando por Siria y México, Ucrania, Afganistan o Irak... en lo que va de la década actual hemos presenciado el despliegue planetario permanente de la violencia directa o indirecta (tercerizada) de los Estados Unidos y sus socios-vasallos de la OTAN, toda la periferia se ha convertido en su mega objetivo militar. La ola agresiva no se aquieta, en algunos casos se combina con presiones y negociaciones pero la experiencia nos indica que el Imperio no agrede para posicionarse mejor en futuras negociaciones sino que negocia, presiona con el fin de lograr mejores condiciones para la agresión.

Estas intervenciones cuando son “exitosas” como en Libia o Irak no concluyen con la instauración de regímenes coloniales “pacificados”, controlados por estructuras estables, como ocurría en las viejas conquistas periféricas de Occidente, sino con espacios caóticos atravesados por guerras internas. Se trata de la emergencia inducida de sociedades-en-disolución, de la configuración de desastres sociales como forma concreta de sometimiento lo que plantea la duda acerca de si nos encontramos ante una diabólica planificación racional que pretende “gobernar el caos”, sumergir a las poblaciones en una suerte de indefensión absoluta convirtiéndolas en no-sociedades para así saquear sus recursos naturales y/o anular enemigos o competidores... o bien se trata de un resultado no necesariamente buscado por los agresores, expresión de su fracaso como amos coloniales, de su alta capacidad destructiva asociada a su incapacidad para instaurar un orden colonial (“incapacidad” derivada de su decadencia económica, cultural, institucional, militar). Probablemente nos encontremos ante la combinación de ambas situaciones.

También es posible suponer que el Imperio en su decadencia se encuentra prisionero de una maraña de intereses políticos, financieros, mafiosos... conformando una dinámica audestructiva imparable que lo obliga a desplegar operaciones irracionales si observamos al fenómeno desde una cierta distancia histórica, pero completamente racionales si reducimos la observación al espacio de la razón instrumental directa de los conspiradores, a su micromundo psicológico (la razón de la locura como razón de estado o astucia mafiosa imponiéndose a la racionalidad en su sentido más amplio, superior).

Aunque esos desastres no representan necesariamente acciones de verdugos despiadados destruyendo paraísos periféricos, el capitalismo es una totalidad global y lo que aparece como la decadencia del centro imperial es la manifestación decisiva pero parcial de un fenómeno planetario que incluye a la periferia atrapada por la sobredeterminación burguesa universal (decadente) de sus sociedades. La operación de destrucción de Libia lanzando sobre su territorio oleadas de mercenarios y bombardeos pudo triunfar aprovechando la degradación del régimen kadafista, el golpe neonazi de Febrero de 2014 en Ucrania capturó al gobierno de una “república” resultado del desastre soviético que la había sumergido en una gigantesca podredumbre sucedido por la instauración de un capitalismo mafioso, la desestabilización de Venezuela orquestada por los Estados Unidos se apoya en sectores de las clases medias conducidos por la vieja burguesía local que no fue eliminada después de quince años de “revolución” (“bolivariana”, autoproclamada “socialista”) eternamente a medio camino... esas élites no fueron barridas del escenario aunque si irritadas, enfurecidas por el ascenso social de las clases bajas.

Todo esto nos conduce a la necesidad de establecer el momento de la historia del capitalismo en que nos encontramos. ¿Se trata del burdel sangriento global preludio de una nueva acumulación primitiva cuna de un futuro supercapitalismo o de los manotazos finales, desesperados de una civilización que ha entrado en el ocaso?.

Propongo responder a ese interrogante utilizando aquella vieja y tan repetida frase de Churchill en plena Segunda Guerra Mundial cuando al terminar la batalla de El Alamein señaló que ese hecho no era “el comienzo del fin (de la guerra) sino el fin del comienzo” de un proceso mucho más importante, decisivo. Nos encontramos actualmente en presencia del fin del comienzo, va concluyendo la etapa preparatoria de la declinación occidental que se prolongó durante varias décadas y comienza a emerger el comienzo del fin, el desmoronamiento del capitalismo como civilización que como otras civilizaciones en declive probablemente recorra una trayectoria temporal compleja de duración indeterminable de antemano.

Aunque no puedo dejar de señalar diferencias decisivas con las civilizaciones anteriores como su carácter planetario (no limitada a una región), la masa de población incluida en el proceso (actualmente unas siete mil millones de personas y no unas pocas decenas o centenas de millones), el descomunal desarrollo de sus fuerzas productivas por ejemplo con capacidad industrial y militar como para destruir completamente la vida en el planeta. Lo que plantea de manera radicalmente distinta la opción a la que se han enfrentado todas las decadencias de civilizaciones: superación o hundimiento en un largo desastre del que emergía más adelante una nueva civilización desde el espacio anterior o impuesta por una fuerza externa. Esto no es la decadencia de Babilonia devastada por los pantanos difusores de malaria generados por su propio desarrollo ni la de la Roma imperial abrumada por el parasitismo y la hipertrofia militar resultado de su dinámica imperialista marchando hacia el abismo mientras buena parte del resto de la humanidad ignoraba esos hechos1.

Violencia y decadencia sistémica
El fenómeno sobrederminante es la decadencia, demostrada por numerosos indicadores como la declinación en el largo plazo (desde los años 1970) de la tasa de crecimiento económico global motorizada por el enfriamiento tendencial del crecimiento de los países centrales y luego el acompañamiento de esta tendencia por un proceso de hipertrofia financiera que se articula con un despliegue parasitario sin precedentes: consumista, militar, burocrático.

Nos encontramos ante sociedades imperiales tan decadentes que ya no pueden movilizar militarmente a su juventud como en el siglo XX, aunque su capacidad financiera y sus avances tecnológicos le permiten contratar mercenarios en remplazo de las fuerzas operativas tradicionales (la oferta de lumpenes proveniente de todos los continentes es directamente proporcional al progreso de la decadencia), utilizar armas como los drones y otros artefactos mortíferos súper sofisticados que establecen una brecha técnica descomunal entre agresores y agredidos y abrumar con manipulaciones mediáticas a sus víctimas directas y al resto del mundo.

Estas “ventajas” son al mismo tiempo expresiones de poder y de debilidad, de capacidad destructiva pero también de descontrol ideológico de sus propias sociedades, de ilegitimidad interna de sus operaciones lo que sumado a su deterioro económico les impide pasar de la destrucción a la reconstrucción colonial de los territorios conquistados.

Las transformaciones burguesas de las sociedades europeas habían generado desde fines del siglo XVIII la posibilidad de integrar al conjunto de la población a sus distintas aventuras militares, de ese modo el ciudadano-soldado y la guerra de masas reemplazó al mercenario y a los ejércitos de las aristocracias. Los asesinos a sueldo dieron paso a los asesinos voluntarios o forzados que daban su vida no por dinero sino en defensa de la “patria”, de la “libertad”, etc.

Pero la decadencia del capitalismo y su transformación después del aggiornamento burgués de China y del derrumbe de la URSS en sistema único (es decir en dominación planetaria, visiblemente amoral de las élites parasitarias) derrumbó los mitos, las legitimaciones que permitían a los estados fabricar causas nobles para enviar a la muerte al ciudadano común.

La pérdida de legitimidad del aparato militar occidental aparece como un rasgo decisivo de la decadencia pero la reproducción imperialista continúa y el ejercicio de la violencia contra la periferia retoma la vieja tradición de los ejércitos mercenarios.

Ahora la propaganda del poder hacia sus poblaciones no tiene como objetivo arrastrarlas al campo de batalla (operación inviable) sino más bien obtener su aprobación pasiva o diluir su rechazo ante aventuras físicamente distantes presentadas como fenómeno virtual, como un elemento más del entretenimiento brindado por la televisión y otros medios de comunicación.

El despliegue bélico fue teorizado por la llamada “Guerra de Cuarta Generación” resultado de las reflexiones en el alto nivel militar de los Estados Unidos posteriores a la derrota de Vietnam visualizada como “guerra asimétrica” donde la fuerza enemiga con bajo nivel tecnológico y reducida potencia de fuego pero bien integrada a la población pudo derrotar al ejercito imperial poseedor de un elevado nivel tecnológico y un gigantesco poder de fuego.

La nueva doctrina militar apunta no a la simple destrucción de la fuerza militar enemiga sino principalmente al conjunto de la sociedad que la sostiene. La desintegración social (económica, moral, cultural, institucional) pasa a ser el objetivo buscado y ese proceso puede darse o no con intervenciones directas sino más bien con combinaciones variables de intervenciones externas (militares, mediáticas, económicas,etc.) y acciones de desestabilización interna.

Se establece de ese modo una amplia variedad de escenarios de agresión. En un extremo podemos ubicar a las guerras de Afganistan e Irak, en una zona intermedia a Libia, Siria o Yugoslavia y en el otro extremo a las llamadas intervenciones blandas o revoluciones coloridas como en Paraguay, Honduras o Ucrania. Todas ellas implican el despliegue intenso de acciones violentas al comienzo de la operación, en algún momento de la misma o como resultado de la victoria imperialista. Pero estas guerras de configuración variable no resuelven el problema de la dominación colonial de la periferia, el caos instalado entorpece, encarece o a veces hace imposible los saqueos sistemáticos.

El atajo de la Guerra de Cuarta Generación aparece como lo que realmente es: el máximo posible de agresión en un contexto de debilidad estratégica del agresor cuyo resultado no es solo la caotización periférica sino también la degradación interna. Las operaciones mafiosas hacia afuera terminan por consolidar practicas mafiosas dentro del aparato dominante del Imperio donde se extienden las camarillas parasitarias, las tendencias irracionales, las locuras elitistas, las rupturas de las reglas de juego institucionales.

Comienzo del fin: el mundo después de 2008-2013 .
El sexenio 2008-2013 marca la transición entre la declinación relativamente suave, controlada del sistema iniciada hacia comienzos de los años 1970 y su degradación general de la que estamos presenciando los primeros pasos.

La crisis desatada entre fines de los 1960 y comienzos de los 1970 no fue superada como las anteriores a través de una gran ola depresiva destructora de empleos y empresas que reduciendo salarios y concentrando la producción y la demanda solvente disparaba un nuevo ciclo ascendente de la economía, la era de las “crisis cíclicas” descritas por Marx había concluido. Aunque Marx explicaba que esas crisis recurrentes irían acumulando desorden en el sistema hasta que las fuerzas entrópicas adquirieran una dimensión tal que ya ninguna reconstrucción capitalista sería posible. Quedaba así pronosticada la crisis general del capitalismo, el esquema teórico derivado de la lógica de su dinámica de acumulación. Lo que de ningún modo podía ser pronosticado era su desarrollo histórico concreto, sus tiempos, sus protagonistas de carne y hueso, los atajos e innovaciones sociales que permitieran postergar o precipitar el desenlace.

La evaluación prospectiva de Marx era un escenario muy general que daba cabida a una amplia gama de futuros posibles, no se trataba de una profecía apocalíptica en la que se establece una fecha o como calcularla, descripciones precisas de actores y coreografía, etc. Pero ese esquema teórico permitía a Marx y Engels explicar por ejemplo que “dado un cierto nivel de desarrollo de las fuerzas productivas, aparecen fuerzas de producción y de medios de producción tales que en las condiciones existentes provocan catástrofes, ya no son más fuerzas de producción sino de destrucción” 2 lo que abría la reflexión acerca del carácter autodestructivo de la civilización burguesa en su etapa decadente más avanzada.

Y ello comenzó a ser innegable alrededor de 2008-2013 aunque mucho antes de ese período fueron apareciendo alertas al respecto casi siempre ignoradas por los grandes medios de comunicación y por las ciencias sociales, cuando se referían a posibles desastres ambientales, sanitarios o políticos los atribuían a manejos irracionales corregibles al interior del sistema. A lo que se plegaron “desde la izquierda” algunos adoradores masoquistas del capitalismo proponiendo una suerte de eternización de sus ciclos, tratando de destacar en la crisis en curso las señales de la próxima recuperación del sistema, pero esas señales eran puras fantasías o bien letanías conservadoras basadas en que “siempre” el capitalismo había conseguido superar sus crisis por supuesto a costa de los trabajadores lo que normalmente entristecía al auditorio (y no mucho al disertante).

Entre los variados factores de la decadencia se destacan dos que resultan decisivos: la degradación (e hipertrofia) financiera y la degradación (e hipertrofia) militar.

Desde 1990 (aproximadamente) mientras el Producto Bruto Mundial venía decrecíendo suavemente en progresión aritmética (desde los años 1970) la masa financiera comenzó a crecer en progresión geométrica. Los productos financieros derivados, su espina dorsal, pasaron de representar unas dos veces el PBM a fines de los 1990 a unas 12 veces en 2008 pero a partir de allí la expansión se estancó y tendió a decrecer poco a poco.

Durante su ascenso la especulación financiera fue la muleta parasitaria que permitió a los consumidores, empresas y estados del Primer Mundo seguir gastando e invirtiendo aunque los rendimientos marginales de la avalancha financiera fueron decrecientes al cuadrado en términos de crecimiento del producto bruto de los países centrales, cada vez hacía falta más droga financiera para obtener cada vez menos expansión económica hasta que finalmente en 2008 el mecanismo se quebró, el peso financiero se hizo insostenible y se desató una seguidilla de auxilios estatales al sistema financiero para impedir su derrumbe.

Pero estos auxilios no reactivaban la economía solo frenaban la debacle financiera haciendo aumentar las deudas públicas hasta el punto en que el estado norteamericano estuvo dos veces al borde del default mientras las deudas publicas más las privadas de Japón llegaron en 2013 al 520 % del PBI, al 510 % de Gran Bretaña, etc. A partir de allí los auxilios se agotaron y el Primer Mundo ingresó en lo que en el mejor de los casos para él podría ser descripto como un largo periodo de estancamientos, recesiones y crecimientos anémicos que no debe ser pensado como una meseta de enfriamiento estable de la producción, el consumo y el empleo sino como un tobogán descendente.

El crecimiento cero o la declinación aunque sea suave significan el aumento tendencial del desempleo y en consecuencia el ingreso en un complejo fenómeno de desintegración social.

Por su parte la militarización de los Estados Unidos no terminó con el fin de la guerra fría, luego de un breve estancamiento hacia fines de los años 1990 recomenzó la expansión de los gastos militares de tal modo que para 2012 su volumen real (sumando todas la erogaciones con finalidad militar del estado, no solo las del Departamento de Defensa) se llega a una cifra equivalente a aproximadamente el 9 % del producto Bruto interno3. Lo que podríamos abarcar como área militar y de seguridad se deslizó del pasado “clásico” poblado por militares y agentes profesionales de tipo tradicional adscriptos directamente a la administración pública a una nueva etapa con participación ascendente de mercenarios, estructuras privadas contratadas por el estado, y una multitud de organizaciones públicas y privadas informales oscilando entre la legalidad y la ilegalidad, mezcladas con negocios clandestinos (drogas, prostitución, tráfico de armas, etc.). Guerra de Cuarta Generación, lumpen-burguesía financiera y lumpen-militarismo se conviertieron en el núcleo duro ideológico-físico de una élite imperial degradada que algunos autores señalan como lumpen-imperialista4.

Pero así como la mega burbuja financiera apuntaló primero el funcionamiento del sistema para luego convertirse en un salvavidas de plomo, la degeneración militarista-mafiosa y su novedosa doctrina aparecieron como la tabla de salvación de estructuras militares y de inteligencia ineficaces ante una periferia aparentemente lista para ser devorada pero que se les escapaba de las manos. Sin embargo esas esperanzas eran ilusorias, lo único que han conseguido es destruir países, fracasar en el intento o ambas cosas al mismo tiempo acumulando gastos y déficits fiscales: la criminalidad converge con la estupidez.

La “transición 2008-2013” significó un cambio fundamental en las formas de la guerra (su degradación radical) que dejó al descubierto el carácter de la mutación en curso del conjunto del capitalismo. Hacia mediados de los años 1950 y haciendo referencia a la por entonces reciente practica bélica nazi Johan Huizinga señalaba que históricamente la guerra siempre había formado parte de las civilizaciones o culturas “puesto que una comunidad (en guerra) reconocía a la otra (contra la que hacia la guerra) como humana... y separaba claramente y de manera expresa la guerra de la paz, por un lado, y de la violencia criminal, por otro. La teoría de la guerra total – destacaba el historiador- ha renunciado al último resto lúdico de la guerra (es decir a toda regla de juego) y con ello a la cultura, al derecho y a la humanidad en general”5

A mi entender la ruptura hitleriana con relación a la práctica y a la teoría de la guerra, es decir la “guerra total” y sus genocidios fue un anticipo, un primer ensayo en plena crisis capitalista de lo que actualmente aparece como Guerra de Cuarta Generación. En el primer caso se trató de una monstruosidad temprana, pionera “alemana” pero con antecedentes en la cultura más reaccionaria de los Estados Unidos, autores como Domenico Losurdo han establecido de manera rigurosa evidentes raíces ideológicas estadounidenses del nazismo6. Ese desastre expresaba la enfermedad de una civilización que todavía disponía de reservas sistémicas (morales, productivas, institucionales, etc.) como para reponerse y que aún no había sufrido una metástasis general. El tumor hitleriano fue extirpado a medias y el mal pudo sobrevivir ocultándose en las sombras a la espera de una nueva oportunidad, llegaron los juicios de Nüremberg, los crímenes de guerra (la violación de las reglas de juego de la guerra moderna) fueron condenados selectivamente de manera prolijamente desprolija.

Cuando hacia fines de los años 1930 Hermann Rauschning escribió una obra esencial para entender el funcionamiento del fenómeno: “La revolución del nihilismo”, acertó al señalar que “la esencia de la dominación nazi es el nihilismo”, la negación a la vez criminal y suicida de la realidad humana, pero se equivocó completamente cuando pronosticó que “ese fanatismo producido y difundido por la maquinaria del poder es tan vacío, tan artificial e inauténtico que todo ese gigantesco aparato podría derrumbarse de un día al otro a causa de un solo acontecimiento sin dejar ningún rastro de vida autónoma”7. Rauschning no supo (o no quiso) hundir el bisturí hasta el fondo, de hacerlo se hubiera visto obligado a colocar en el banquillo de los acusados al conservadurismo burgués en su conjunto y a partir de allí a los aspectos destructivos (y autodestructivos) de la civilización occidental a la que él se enorgullecía pertenecer.

Ahora cuando vemos al cáncer fascista propagarse tranquilamente por toda Europa al ritmo de la crisis, desde el avance irresistible del Frente Nacional en Francia hasta la victoria neonazi en Ucrania, pasando por Holanda, Belgica, Croacia, Hungría, los países bálticos, Grecia, etc. no podemos dejar de constatar el enraizamiento profundo del mismo no solo en la tragedia de los años 1920-1930-1940 sino en historias muchos más antiguas, en fanatismos religiosos, en genocidios coloniales y otras prácticas sociales de gran crueldad (el nazismo clásico no era superficial ni inauténtico, hundía sus raíces en la larga trayectoria criminal de Occidente).

Pero lo más significativo y terrible ha sido la reinstalación sin mayores escándalos de la doctrina hitleriana de la guerra total, rebautizada Guerra de Cuarta Generación y a veces edulcorada como “golpes blandos” o “suaves” o bajo la delirante presentación de guerras o bombardeos “humanitarios”. Ahora ya no se trata de una experiencia pionera y en cierto modo sorpresiva, “anormal” sino de un vale-todo aceptado por el conjunto de las élites imperialistas. El hecho de que la forma capitalista de hacer la guerra haya sufrido tal transformación está estrechamente vinculado a (forma parte de) la transformación del capitalismo en un sistema destructor de fuerzas productivas extendiéndose al contexto ambiental con sus tierras, mares, montañas, animales, etc. apuntando hacia la aniquilación de todo el patrimonio histórico de la humanidad, de toda la acumulación de civilizaciones.

¿Retorno al origen?
Podríamos establecer paralelos entre la coyuntura actual y los orígenes de la modernidad. Robert Kurz puso al descubierto los orígenes militares del capitalismo. Hacia el siglo XVI, según Kurz “no fue la fuerza productiva, sino por el contrario una contundente fuerza destructiva la que abrió el camino a la modernización, a saber, la invención de las armas de fuego. La producción y movilización de los nuevos sistemas de armas no eran posibles en el plano de estructuras locales y descentralizadas que hasta entonces habían marcado la reproducción social, sino que requerían en diversos planos una organización completamente nueva de la sociedad. Las armas de fuego, sobre todo los grandes cañones, ya no podían ser producidas en pequeños talleres, como las premodernas armas de punta y filo. Por eso se desarrolló una industria de armamentos específica, que producía cañones y mosquetes en grandes fábricas”8 .

Un buen ejemplo de ello es la presencia en pleno siglo XVI del célebre “Arsenal de Venecia” fabrica militar muy admirada en su época, probablemente la primera industria moderna, que inspiró a muchos emprendimientos militares y civiles posteriores y cuya organización productiva basada en una eficaz división de tareas esbozaba el modelo que varios siglos después en el inicio de la revolución industrial inglesa describió Adam Smith.

Fue efectivamente en torno de los desarrollos militares que se fueron generando redes comerciales y financieras que permitían a los príncipes y demás señores de la guerra lanzar sus aventuras.

Las mismas estaban destinadas a las luchas intestinas de las aristocracias y a la represión de las masas campesinas pero su objetivo principal era el pillaje de la periferia, disparador decisivo y alimentación duradera, plurisecular de la emergencia y consolidación del capitalismo, sus mercados internos centrales, su ciencia, su arte y su expansión industrial y tecnológica (existe por ejemplo una sobreabundante literatura referida a la incidencia de la inundación de oro y plata proveniente de las colonias americanas en la transformación burguesa de Europa) 9 .

Fue la alianza militar-parasitaria, entramado de mercenarios, aristocracia militarizada, comerciantes-bandidos, usureros de alto nivel, etc. la plataforma de lanzamiento de la conquista de la periferia permitiendo que una relativamente pequeña economía guerrera realizara un pillaje desmesurado con relación a su tamaño inicial. En el siglo XVI el producto bruto de Occidente apenas superaba el 10 % de lo que podríamos considerar como producto bruto mundial contra 23%-24 % China o 27%-28% India10.

Hubo una primera tentativa: las Cruzadas cuando aproximadamente en los siglos XII y XIII los occidentales lanzaron una sucesión de invasiones al rico Cercano Oriente ocupando parte de su territorio11.

Pero esa colonización fracasó pese a la enorme crueldad desplegada, los pueblos invadidos disponían de una capacidad militar que les permitió expulsar al invasor por medio de lo que podríamos llamar guerra de larga duración, la disparidad militar entre invasores e invadidos no fue lo suficiente grande como para sellar la derrota definitiva de las víctimas.

La situación fue cambiando desde el siglo XV y experimentó un gran viraje en el siglo XVI en que Occidente adquirió una superioridad técnico-militar decisiva sobre el resto del mundo.

La batalla de Lepanto (1571) probó la superioridad técnica occidental sobre el Imperio Otomano, la eficacia del Arsenal de Venecia estuvo detrás de esa victoria12, medio siglo antes los españoles habían utilizado su abrumadora superioridad técnica para aplastar al Imperio Azteca que no conocía la pólvora ni las armas de metal.

Esa superioridad militar de Occidente no fue producto del azar, se apoyó en el vertiginoso desarrollo de su ciencia militar durante los siglos XV y XVI, la ingeniería militar estuvo en el centro del Renacimiento europeo, heredaba a la ingeniería militar medieval que su vez mantenía vínculos con la ciencia militar de la antigüedad greco-romana. Bertrand Gille relata que “cuando en 1328 Felipe V de Valois concibió el proyecto de partir a las cruzadas Guy de Vigevano se convirtió en su consejero militar y escribió para el rey un tratado sobre maquinas de guerra...que puede ser considerado como uno de los principales antecedentes de la ciencia militar posterior”. Gille destaca que “ciertas ilustraciones del tratado presentan analogías sorprendentes con algunas imágenes de antiguos manuscritos griegos y romanos” que junto a otros desarrollos medievales demuestran según el autor una clara continuidad científico-técnica en el tema militar desde Grecia y Roma hasta llegar a los siglos XV y XVI 13.

La continuidad histórica de la “demanda” (el militarismo) para esa ciencia se remonta primero a la Edad Media europea una de cuyas características principales fue el sobre dimensionamiento de sus dispositivos bélicos, la excesiva proliferación de organizaciones militares conducidas por príncipes aspirantes a emperadores y titulares de “imperios” como Carlomagno pasando por señores de la guerra de todo tamaño, bandas de mercenarios, etc. Militarismo feudal enlazado históricamente con la Antigüedad europea guerrera e imperialista, constatemos solamente que como lo observa James O'Donnell con relación al imperio romano ya en decadencia: "después de llegar al trono en el año 284 el emperador Diocleciano y sus sucesores pudieron restaurar las fronteras romanas y el orden romano multiplicando por cinco o diez el número de soldados y funcionarios. Diocleciano aumentó el número de soldados a 400 mil y más tarde llegó a alcanzar los 650 mil”14.

En su libro “Matanza y cultura”15 Victor Hanson desarrolla la larga trayectoria belicista de Occidente y al referirse a sus victorias militares del siglo XVI señala que “el dinamismo militar europeo era un continuo de la Antigüedad clásica, no una consecuencia casual de la edad de la pólvora y del descubrimiento del Nuevo Mundo... desde Grecia hasta el presente... las afinidades demostradas por las sociedades occidentales en su forma de hacer la guerra resultan asombrosamente duraderas” y agrega luego: “las falanges macedonias, igual que el ejército de Cortés, la flota cristiana que combatió en Lepanto y la compañía de fusileros británicos que defendió Rorque's Drift (1879-África, las tropas coloniales fueron derrotadas por los zulúes) disponían de un armamento muy superior al de sus adversarios”.

No se trata solo de superioridad técnica sino de la extrema crueldad en su “forma de hacer la guerra” lo que lleva al autor (pese a su admiración hacia Occidente) a señalar que: “algunos estudiosos equiparan a Alejandro Magno con Cesar... o Napoleón con quienes compartía su voluntad de hierro, su genio militar innato y la búsqueda de un imperio más poderoso de lo que los recursos naturales de su tierra nativa les permitían. Alejandro en efecto guarda afinidades con ellos, pero a nadie se parece más que a Adolf Hitler”. El paralelo inevitable entre las falanges griegas, las legiones romanas, los cruzados, las tropas coloniales españolas, inglesas, francesas y los ejércitos hitlerianos establece el hilo conductor “occidental” de una larga sucesión de guerras, conquistas y matanzas.

La acumulación originaria del capitalismo se basó, fue exitosa gracias al saqueo desmesurado de una periferia y de recursos naturales gigantescos, relativamente “infinitos” dado el nivel técnico y la capacidad de rapiña de los imperialistas europeos de ese entonces. Pero esa desmesura es imposible actualmente, el planeta es demasiado pequeño para las necesidades de lo que sería un nuevo proceso de acumulación capaz de potenciar el parasitismo occidental hasta generar una suerte de supercapitalismo global.

Las potencias centrales son lo suficientemente grandes como para destruir al planeta (lo que significaría su autodestrucción) y es por ello, a causa de su gigantismo que no pueden salvarse, iniciar un nuevo ciclo ascendente devorando recursos humanos y naturales aunque para sobrevivir como imperio necesitan alimentarse de sus víctimas. Esto marca una diferencia cualitativa esencial con lo ocurrido hace cinco siglos, ahora la violencia imperialista no es la de un monstruo vigoroso, en su infancia o juventud sino la de un monstruo viejo y obeso.

Occidente
Es necesario asociar conceptos artificialmente disociados como “civilización occidental”, “civilización burguesa”, “Imperio” (occidental) y “capitalismo”. El capitalismo aparece como un fenómeno histórico con raíces geográficas occidentales bien delimitadas cargando una pesada herencia cultural específica. Occidente emergió como una empresa imperialista colectiva, agrupando a varios estados expandiéndose globalmente y al mismo tiempo enfrascados en feroces disputas intestinas, la unificación llegó luego de un largo recorrido plurisecular al final de la Segunda Guerra Mundial bajo el mando de una superpotencia neo europea: los Estados Unidos.

El estallido de la guerra en 1914 pero especialmente la ruptura rusa de 1917 marcó el inicio del declive occidental aunque la tendencia pareció revertirse desde los años 1990 con el desplome de la URSS y en cierto sentido antes a partir de la reconversión capitalista de China. Pero no fue así, de la desintegración soviética luego de una década de desastres apareció Rusia como potencia militar-energética crecientemente autónoma aunque manteniendo estrechos lazos comerciales y financieros con Occidente y del aburguesamiento chino no nació un país subdesarrollado dócil a los intereses norteamericanos como India o México sino una potencia periférica también con importantes márgenes de autonomía.

El deterioro general de la dominación occidental, de su jerarquía imperialista, es decir del capitalismo como sistema mundial ha engendrado el fenómeno de despolarización, de descontrol periférico, China y Rusia pero también Irán, y los juegos más o menos independientes de algunos estados “progresistas” de América Latina ilustran el proceso. Los “bárbaros” del siglo XXI se organizan sin tutela romana o negociando con la Roma moderna ya no como simples vasallos, pero esa Roma no puede reproducirse como tal, su parasitismo no puede sobrevivir sin los tributos crecientes de sus súbditos periféricos, necesita cada vez más sangre de sus víctimas (petroleo barato, litio, oro, cobre, salarios miserables, mayores ventajas comerciales, mega-transferencias financieras, etc.) mientras las víctimas van encontrando los caminos para reducir el pillaje gracias precisamente al debilitamiento del parásito (lo que no impide en ciertos casos que los bárbaros se pillen entre ellos).

Algunas precisiones nos pueden ayudar a entender mejor lo que está ocurriendo.

En primer lugar el hecho de que la consolidación de los estados burgueses centrales ha estado (y sigue estando) estrechamente asociada a la expansión y consolidación colonial, la extracción masiva de riquezas de la periferia permitió y sigue permitiendo la integración de las sociedades centrales y la permanencia de su guardián estatal-militar, el fin o el debilitamiento grave de dicha explotación marcaría el eclipse de esos estados y de sus bases sociales.

En segundo lugar la comprobación de que el capitalismo es un sistema basado en un encadenamiento de jerarquías fuertemente autoritarias, desde la empresa ascendiendo hasta llegar al centro del poder mundial a través de una compleja articulación de estados, grupos económicos, instituciones internacionales, medios de comunicación, etc. La jerarquía imperialista del capitalismo es inherente al mismo, es su forma histórica, concreta de reproducción, nunca fue una articulación pacífica sino un ensamble violento e inestable donde la autoridad es ganada y conservada con guerras, presiones, trampas, etc. Pero hasta el fin de la Segunda Guerra Mundial esa jerarquía jamás pudo estructurarse en torno de un único centro estatal, superimperialista de poder, desde los inicios de la modernización y su sombra colonial nos encontramos ante sucesivas rivalidades y guerras interimperialistas.

La fantasía de la globalización regida por una sola potencia mundial aunque insinuaba concretarse en los lejanos años 1990 se fue desvaneciendo en la década siguiente, el sometimiento de Europa y Japón a la jefatura estadounidense continúa basada en la degradación de ambos socios menores, hechos recientes como los de Libia, Siria y Ucrania son buenos ejemplos de ello. Pero ocurre que el jefe imperial también se degrada lo que plantea la incertidumbre respecto del futuro de esa convergencia central. Por su parte la periferia se va descontrolando precisamente cuando más es necesario su control (superexplotación) para la reproducción del parásito, en consecuencia el imperio se enfurece, se desespera, rescata toda su memoria racista no solo para expulsar o reducir a la esclavitud a los intrusos periféricos que se instalan en los territorios imperiales sino para convertir a sus países de origen en zonas de libre cacería.

Está última etapa ilumina toda la historia anterior del sistema, destruye sus mitos decisivos, deja al descubierto su falsedad esencial. Sobre todo el mito del capitalismo como progreso, como etapa superior en la sucesión de civilizaciones, es decir como la más potente negación de la barbarie.

Buena parte de las ideologías anticapitalistas de los siglos XIX y XX planteaban la superación del capitalismo como una suerte de continuidad a un nivel superior, de negación inicial, revolucionaria, apoyada en los logros “positivos” del viejo mundo (el proyecto de ruptura albergaba condicionamientos culturales que aseguraban la reproducción de aspectos decisivos de la civilización burguesa).

Pero la degeneración en curso de ese sistema le quita el velo ideológico a su verdadero rostro, los logros 
aparentemente positivos de su tecnología (donde el capítulo militar es decisivo) aparecen inscriptos en un contexto de conquistas coloniales con centenares de millones de asesinatos, con liquidaciones de creaciones culturales calificadas despectivamente como atraso o subdesarrollo, depredando hasta la extinción a una amplia variedad de recursos naturales.

Es posible incluir un pequeño agregado entre paréntesis a la célebre expresión de Voltaire para afirmar que la civilización (burguesa) no ha suprimido a la barbarie sino que la ha perfeccionado. El capitalismo no debe ser asumido como una etapa en última instancia positiva en la marcha del progreso humano sino como una desgracia, como un desastre, una degeneración cuya no existencia hubiera evitado numerosas tragedias. El balance histórico de su evolución es globalmente negativo, muchos de sus progresos científicos y tecnológicos habrían sido obtenidos siguiendo probablemente otros ritmos y caminos pero en contextos sociales menos terribles.

Hegel en sus lecciones de filosofía de la historia establecía que el desarrollo de la libertad, componente de la marcha de la Civilización entendida como encadenamiento de civilizaciones, como la evolución del progreso universal, nacía penosamente en Oriente (es decir en la periferia) para realizarse integralmente en Occidente con la victoria mundial de su civilización, de la modernidad burguesa16. La soberbia eurocéntrica le impedía a Hegel percibir que la libertad periférica (embrionaria, en desarrollo) había sido aplastada, abortada, liquidada por un Occidente parasitario y depredador concretando la mayor matanza de la historia humana y que su civilización sanguinaria solo podía afirmarse una y otra vez por medio de la fuerza bruta, de sus dispositivos militares contra los pueblos oprimidos de la periferia (y cuando fue necesario también contra sus propias poblaciones como lo demostró el fascismo europeo del siglo XX ahora en pleno renacimiento).

La subestimación, el desprecio occidental, su visión deshumanizante de las culturas periféricas constituye una pieza clave de su ideología imperial estructurada durante muchos siglos de saqueo, la animalización de la imagen del hombre del “resto del mundo” formó parte de la construcción psicológica que facilitó al colonizador de Occidente la realización de los grandes genocidios legitimados como obra civilizadora. La ignorancia o desprecio de las riquezas culturales de la periferia, de la creatividad de sus bases sociales, del potencial de autonomía de sus comunidades campesinas no solo atrapó a los cerebros de las élites occidentales sino también a buena parte de sus enemigos internos, así fue como Gramsci pudo llegar a afirmar que en la vieja periferia precapitalista “el Estado era todo, la sociedad civil era primitiva y gelatinosa” mientras que en Occidente existía una robusta sociedad civil 17 lo que no permite explicar como hicieron las poblaciones andinas de América, por ejemplo, para sobrevivir culturalmente al genocidio inicial de la conquista seguido por más de cinco siglos de opresión y pillaje occidental u otras proezas culturales de los periféricos de Asia y África.

Es necesario entender que la declinación en curso del mundo occidental se convierte en degeneración de su trama ideológica y económica planetaria, es decir del capitalismo como totalidad universal. Desde los años 1970 se sucedieron las ilusiones referidas a las emergencias capitalistas no occidentales, desde el milagro japonés, pasando por los tigres y dragones de Asia (Corea del Sur, Taiwan, etc.) hasta llegar a China. En todos esos casos era evidente que las expansiones industriales-exportadoras que lideraban los desarrollos “milagrosos” se apoyaban en las necesidades de los mercados occidentales o de mercados periféricos fuertemente dependientes de esas demandas por consiguiente el deterioro de dichos mercados golpea a los capitalismos no-occidentales. Además hechos tales como la hipertrofia globalizada de las redes financieras establecían un solo espacio mundial estrechamente intercomunicado, la imposible desfinanciarización del capitalismo constituye un bloqueo común del que no pueden escapar ni el centro ni la periferia. Esta última además cuando se embarca en la prosperidad burguesa queda sometida al modelo consumista, a las pautas ideológicas occidentales que tienen un devastador efecto desestructurante (familiar, comunitario, ambiental).

A mediados de 2008 en pleno estallido financiero Richard Haass, presidente del Council on Foreign Relations de los Estado Unidos publicó un artículo donde daba la voz de alarma: la unipolaridad estaba condenada a muerte y no tendía a ser remplazada por la multipolaridad, estaba comenzado a emerger un mundo no-polarizado que el autor cargaba de imágenes caóticas18, Haass percibía que el fin de la jerarquía imperialista, unipolar desde 1991 y multipolar en toda la historia anterior del sistema (incluído el período de auge de imperio británico) podía llegar a ser una suerte de “fin del mundo”, de derrumbe de la “civilización”, es decir de desarticulación del capitalismo como cultura universal y por supuesto adelantaba algunas medidas correctivas que permitirían mitigar el supuesto desastre.

Haass tenía razón cuando alertaba acerca de que la no-polaridad albergaba el fantasma del fin de la “civilización” (burguesa), George W. Bush y luego Barak Obama han intentado impedir ese futuro introduciendo correctivos militares que han terminado por agravar la enfermedad del Imperio propagando el caos allí donde les ha sido posible.

Por su parte potencias periféricas como Rusia y China no están en condiciones de reordenar, en el sentido burgués del término, el desorden causado por la decadencia occidental desarrollando nuevos espacios capitalistas jerarquizados en remplazo de los viejos espacios agonizantes, no son fuerzas negentrópicas del sistema sino zonas capitalistas resistentes sumergidas también ellas en la decadencia global. Intentan frenar los manotazos que contra sus intereses lanza el imperio pero al resistir, contragolpear o avanzar sobre los flancos débiles del adversario contribuyen al “desorden” general, bloquean las tentativas de recomposición del dominio occidental del mundo y de ese modo agravan la degeneración global capitalismo.

La insurgencia global como necesidad histórica
Las élites dominantes de China y Rusia, también las de Brasil, India o Irán creen en la posibilidad de desarrollar sus capitalismos nacionales, hacen lo que hacen para no hundirse en el desastre al que lo quiere condenar Occidente pero el carácter global, profundamente interrelacionado del sistema del que forman parte condiciona sus astucias.

Todos esas zancadillas y empujones entre el centro y la periferia contribuyen a crear un panorama global enrarecido que en cualquier momento puede derivar en guerras y situaciones pre-bélicas a nivel regional amenazando algunas veces con transformarse en confrontaciones mundiales como ocurrió en 2013 a raíz de la situación siria y en 2014 con Ucrania.

Karl Polanyi describía la larga “pax europea” (salpicada por conflictos menores) vigente desde el fin de las guerras napoleónicas hasta 1914 resultado según él del rol armonizador, apaciguador de conflictos cumplido por algunos factores ocultos entre los que destacaba a la “haute finance”, los círculos financieros europeos más encumbrados que poniéndose por encima de los intereses políticos nacionales anudaban compromisos, negocios atravesando países y calmando por consiguiente la disputas interimperialistas19.

Pero Polanyi solo miraba la superficie del fenómeno en realidad los negocios de la “haute finance” se fundaban en la vertiginosa acumulación de capitales proveniente principalmente de la rapiña imperialista del mundo uno de cuyos pilares esenciales era la acción de los estados occidentales, el desarrollo de sus aparatos militares (decisiva fuente de negocios) y de las consiguientes megalomanías “patrióticas” de las respectivas burguesías nacionales rivales. Polanyi señala que “los Rothschild no estaban sujetos a un gobierno; como una familia, incorporaban el principio abstracto del internacionalismo ; su lealtad se entregaba a una firma, cuyo crédito se había convertido en la única conexión supranacional entre el gobierno político y el esfuerzo industrial en una economía mundial que crecía con rapidez”20. En realidad el rol “pacificador” de los Rothschild formaba parte un doble juego peligroso pero muy rentable. Por un lado excitaban a las bestias alentando sus ambiciones (y de inmediato les pasaban la cuenta) y por otro las calmaban cuando amenazaban hacer un desastre, pero esa sucesión de excitantes y calmantes aplicadas a bestias que absorbían drogas cada vez mas fuertes terminó como tenía que terminar: con un gigantesco estallido (Agosto de 1914).

Trasladándonos al mundo actual es necesario afirmar que la globalización de negocios no establece un manto transnacional pacificador sino todo lo contrario, sobre todo en los centros globales de poder político-militar incentivando megalomanías criminales.

Es al interior del sistema global decadente que se desarrollan las ilusiones, esperanzas y rebeldías de la periferia. La ilusión de afianzar capitalismos autónomos bajo las banderas de la restauración de la “identidad rusa” o del “socialismo de mercado” chino o de un “socialismo” a medias como en Venezuela o de una sociedad basada en el islam como en Irán o de capitalismos “progresistas” como en Brasil, Argentina o Ecuador. Pero también la resistencia al invasor en Afganistan o en Libia hasta llegar a la guerra prolongada por el socialismo de las FARC en Colombia, a las protestas sociales en Europa, etc. Ese gran rompecabezas no constituye una insurgencia global ni mucho menos un movimiento en vía de articulación sino un proceso sumamente heterogéneo donde se presentan erupciones efímeras, ciclos de larga duración, tentativas de desarrollo capitalista relativamente autónomos, rebeliones anticapitalistas, etc. que pueden ser vistos de distintas maneras, una de ellas es la de una gran turbulencia periférica que se va expandiendo en medio de contradicciones de todo tipo anunciando al mismo tiempo escenarios futuros de insurgencia popular contra el sistema y su contrario: el hundimiento en degradaciones prolongadas.

Es ese espacio complejo al que las potencias occidentales tratan de aplastar, aislar, demonizar, triturar, allí se reproduce un gigantesco proletariado universal, varios miles de millones de campesinos, obreros, marginales, comerciantes miserables, etc. condenados a la muerte o a la supervivencia infrahumana por la dinámica decadente del sistema. Constituyen una realidad plural que se opone naturalmente a la homogeneización esclavizante de Occidente intentando preservar y/o construir identidades, espacios de libertad, sobrevivir, vivir dignamente.

Los próximos años dirán si desde esa masa proletaria irrumpe la insurgencia global que desplegando su pluralidad vaya convergiendo en la segunda ofensiva contra el imperio, la primera ocurrió en el siglo XX a partir de la Revolución Rusa convirtiéndose en una rebelión global que se prolongó durante cerca de seis décadas abarcando desde China hasta Cuba, pasando por Argelia, Vietnam, Nicaragua.

Hace medio siglo estaban de moda en Europa occidental autores que denunciaban la pérdida de hegemonía de la región superada por superpotencias extraregionales como la URSS, los Estados Unidos o Japón. Uno de esos textos, de gran éxito editorial, fue “El rapto de Europa”21 de Luis Diez del Corral, su tesis era que naciones extra europeas le estaban robando o ya le habían robado a Europa su mayor creación cultural: la modernidad.

Deslumbrado por el mito griego el autor no recapacitó lo suficiente acerca de su significado histórico: Zeus roba, rapta a Europa, princesa del Cercano Oriente engañada por el dios que mimetizado como toro la induce a que lo monte cosa que aprovecha el ladrón para secuestrarla y llevarla a su isla. El origen del Occidente histórico es el engaño y el robo, su propio nombre: Europa es el de un trofeo producto del robo. 

En última instancia si el mundo no occidental se apropiara de la modernidad occidental no estaría haciendo otra cosa que recuperar el capital más los intereses de las riquezas que el ladrón le había quitado durante siglos: oro, plata, petróleo, cereales, centenares de millones de vidas humanas. En realidad el planeta está hoy completamente modernizado, para unos (el centro del mundo) eso significa desarrollo capitalista, poder, privilegios mientras que para el resto quiere decir subdesarrollo capitalista, miseria, frustraciones.

De todos modos la “apropiación periférica de la modernidad” es un anzuelo envenenado, es la ilusión de reproducir los supuestos logros culturales de la civilización burguesa de manera independiente o enfrentando a Occidente, cuando el esclavo imita al amo o pretende regenerar a su comunidad adoptando-adaptando sus fundamentos ideológicos lo que consigue es bloquear la creatividad revolucionaria de su base social (así lo demuestra la experiencia histórica del siglo XX)22, cree haber encontrado el hilo de Ariadna que le permitirá salir del laberinto, se aferra al mismo y marcha triunfalmente hacia la salida... en realidad se ha aferrado a la cola del diablo que astutamente lo deriva hacia pasadizos aún más siniestros.

Pero la modernidad ha ingresado al estado de decrepitud y la liberación de sus víctimas centrales y periféricas solo puede ser lograda por medio de la negación absoluta del capitalismo, su completa destrucción, para desde sus cenizas construir un mundo nuevo. Nada autoriza a suponer que esa proeza (la mayor de la historia humana) sea inevitable, la regeneración postcapitalista es históricamente necesaria aunque no constituye un fenómeno inexorable impuesto por supuestas leyes de la historia. Se trata de una tarea que requiere un gigantesco esfuerzo voluntarista animado por ideas resultado de prácticas insurgentes, rebeldías más o menos radicalizadas, de pruebas, errores, fracasos, éxitos efímeros o duraderos. 

Notas:
1 Las decadencias de civilizaciones anteriores y las reflexiones contemporáneas sobre las mismas en la medida en que lograban una visión de cierta amplitud asociaban a dichas decadencias con futuras renovaciones o instalaciones de nuevas civilizaciones en el mismo territorio. A nivel mundial mientras una civilización decaía otras permanecían o emergían. Ahora dado el potencial autodestructivo del capitalismo global aparece la posibilidad histórica del “fin de la historia” no en el sentido idílico (siniestro) del mundo liberal feliz que hace algunas décadas nos proponía por ejemplo Francis Fukuyama sino como desastre universal.
2 Marx y Engels, “La ideología alemana”, Ediciones Progreso, Moscú, 1974.
3 En 2012 los gastos del Departamento de Defensa llegaron a unos 700 mil millones de dólares, si a los mismos se les adicionan los gastos militares que aparecen integrados (diluidos u ocultos) en otras áreas del Presupuesto (Departamento de Estado, USAID, Departamento de Energía, CIA y otras agencias de seguridad, pagos de intereses, etc.) se llegaría a una cifra cercana a los 1,3 billones (millones de millones) de dólares. Esa cifra equivale al 50 % de los ingresos fiscales previstos o al 100 % del déficit fiscal. Esos gastos representaron casi el 60 % de los gastos militares globales y si les sumamos los de sus socios de la OTAN y de algunos países vasallos extra-OTAN como Arabia Saudita, Israel, Colombia o Australia estaríamos entre el 75 % y el 80 % del gasto global (Ref: Jorge Beinstein, “Capitalismo del Siglo XXI. Militarización y decadencia”, Ed. Cartago, Buenos Aires 2013).
4 Narciso Isa Conde, “Estados neoliberales y delincuentes”, Aporrea, 20/01/2008, www.aporrea.org/a49620.html
5 Johan Huizinga, “Homo ludens” (1954), Emecé Editores, Buenos Aires, 1968.
6 Domenico Losurdo, “Las raíces norteamericanas del nazismo”, Enfoques Alternativos, nº 27, Octubre de 2006, Buenos Aires.
7 Hermann Rauschning, “La révolution du nihilisme”, Gallimard, Paris, 1980 .
8 Robert Kurz, “Los orígenes destructivos del capitalismo”, 1997, ttp://www.oocities.org/pimientanegra2000/kurz_origen_destructivo_capitalismo.htm
9 En otros textos he presentado un concepto de Anouar Abdel Malek a mi entender esencial para entender el fenómeno, se trata del “surplus histórico” acumulado durante siglos por Occidente resultado de un saqueo universal sin precedentes, patrimonio imperialista basado en la destrucción del contexto ambiental y de civilizaciones de todos los continentes (Anouar Abdel Malek, “Political Islam”, Socialism in the World, Number 2, Beograd 1978.
10 Angus Maddison,”The World Economy: Historical Statistics”, OECD 2003.
11 René Grousset la calificó como “la primera expansión colonial de Occidente”. Renée Grousset, “Las cruzadas”, EUDEBA, Buenos Aires, 1965.
12 “El poder veneciano se basaba en su capacidad para fabricar armas de acuerdo a los modernos principios de la especialización y la producción capitalista” señala Victor Davis Hanson para agregar que “tres años después de Lepanto el monarca francés Enrrique III, que se encontraba en Venecia, visitó el Arsenal que, para su asombro, montó, botó y equipó una galera en una hora! En condiciones normales, el Arsenal, recurriendo a principios de construcción naval, financiación y producción en masa comparables únicamente a los del siglo XX, era capaz de botar una flota entera de galeras en el espacio de unos pocos días”, Victor Davis Hanson, “Matanza y cultura. Batallas decisivas en el auge de la civlización occidental”, Fondo de Cultura Económica-Turner, México D.F. / Madrid 2006.
13 Bertrand Gille, “Les ingénieurs de la Renaissance”, Herman, Paris 1964.
14 James O'Donnell, “La ruina del imperio romano”, Ediciones B, Barcelona 2010.
15 Victor Davis Hanson, op cit.
16 G.W.F Hegel, “La Raison dans l`Histoire”, Union Générale d`Editions, 10/18, Paris 1965 .
17 Antonio Gramsci, “Cuadernos de la cárcel”, Ed. Era, México, 1999.
18 Richard N. Haass, “The Age of Nonpolarity. What Will Folow U.S. Dominance”, Foreign Affairs, Mai/June 2008.
19 Karl Polanyi, “The Great Transformation.The Political and Economic Origins of Our Time”, Bacon Press, Boston, Massachusetts, 2001.
20 K. Polanyi, op. cit.
21 Luis Diez del Corral, “El rapto de Europa”, Alianza Editorial, Madrid 1974.
22 Desde los avatares burocráticos de la historia soviética hasta llegar al realismo burgués de los dirigentes chinos pasando por los diversos nacionalismos más o menos “socialistas” o capitalistas del Tercer Mundo.